Pensar la obra es pensar la vida, Diego Perrotta por Jusa Oñero

Diego Perrotta me recibió en su casa taller de Almagro con un mate amargo acompañado de una tranquilidad propia de quien sabe ser serio aun en constante ebullición. Tenía pensadas algunas preguntas pero sobre todo tenía pensado dejarme llevar. Fue muy fácil hacerlo porque cada idea era un puente y en definitiva de lo que estábamos hablando era de la vida. Nada más ni nada menos. Pensar la obra es pensar la vida. O vivir la vida es hacer obra para luego pensar la vida a través de la obra. En algún punto de ese eterno proceso de búsqueda nos encontramos esa mañana para crear esta pequeña historia.
Jusa: Estaba viendo que si bien en tu obra hay diferentes personajes también hay rasgos que se repiten en todos ellos. ¿Cómo llegaste a esa fisonomía característica?
Diego: Yo creo que llega de una cosa instintiva del encuentro con el dibujo, de empezar a tirar líneas. En un principio no tenía una imagen personal, empezaba a definir un rostro, una máscara, pero sentía que venia dibujando y que ese primer rostro hecho de una forma primitiva me reflejaba en algo. Es un tema encontrar una forma que te identifique, darle curso a ciertas ideas, formas y está en la decisión de cada artista cómo ir trabajando. Encontré en mi adolescencia este rostro que luego resumí como el personaje del Matasiete que fui nutriendo a partir de los escritos, del pensamiento, de comparar y reflejar y crear un clima narrativo con aroma a relato que tiene la obra. Siento que toma diferentes formas pero en sus facciones la figuración del Matasiete y el Diablo son similares aunque para mí son muy distintos.

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J: ¿En qué aspectos sentís que se parecen y se diferencian estos personajes?

D: Yo cuando estoy trabajando me olvido, entro en una especie de trance y después me quedo pensando. Creo que con el tiempo voy entendiendo, cuando observo los personajes me parece que son muy diferentes pero luego llego a una síntesis en la que son lo mismo. Por ejemplo los volcanes tienen que ver mucho con estas caras, pienso en el Diablo, en el Matasiete, tienen un interior donde a ellos les van pasando cosas como esas propiedades muy curiosas de los volcanes que se los ve de lejos inactivos o humeantes o estallando y estos personajes tienen esa capacidad como el volcán. Nosotros también en nuestro interior vamos avisando con miradas, ciertos enojos e injusticias y entonces a veces siento que me crecen cosas en el cuerpo, a veces me siento o ellos se sienten porque hay un diálogo. Cuando era chico y empezaba a dibujar y encontraba ciertas imágenes, hay un momento especial en el que uno se siente representado al observar cierta gráfica, cierta construcción misteriosa. De dónde vienen realmente, qué significan esos momentos confusos… pero es un momento tan íntimo porque hay una sensación de cercanía en imagen y hay que trabajar mucho para encontrarle un sentido.
J: ¿Creés que es necesario hacer ese trabajo?
D: Sí, porque es otro estadío del trabajo, como el despertar: comprender, sí, estoy vivo, estoy pintando, esta es mi familia, esta es mi mujer, ¿cómo es este día nuevo? O me levanto de cierta manera y estoy trabajando de cierta manera y tal vez en el día uno cambia. Y si lo pensás sos el mismo pero no.

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J: Hay algo que permanece y hay algo que muta, tal como sucede con la fisionomía de los personajes en tus obras.
D: Por ejemplo yo los lunes juego al fútbol y me veo con ciertas reacciones que son muy distintas a las que puedo tener ahora conversando con vos, seguramente parecemos personas diferentes por cierta pasión, ciertos gritos…estas fisionomías tienen cuernos, árboles en la cabeza, le salen volcanes de la panza, otros son más tranquilas, otras tienen formas puntiagudas, es como nuestro cuerpo que también cambia todos los días solo que no nos damos cuenta. Yo creo que esa tarea de pensar la obra es pensar la vida, de no solamente estar en un tupper observando la construcción del mundo que tenés a partir de la imagen sino mediante el mundo mismo porque las imágenes vienen de ahí. Entonces vuelvo a pensar en los opuestos, Diablo-Matasiete, interior-exterior, hay lugares donde pasan cosas. Hay momentos que me siento mas consciente, a veces no y me dejo llevar, son momentos, yo no me siento un intelectual pero me gusta recorrer, me pasa con la pintura que me gusta coleccionar y sigo viendo cosas en una pintura que vi por muchos años pero también le sigo viendo cosas nuevas.
J: Creo que con eso tiene que ver la proyección que hacemos en la obra como espectadores y como artista también sos espectador de tu propia obra, se genera un diálogo con algo de otro tiempo desde tus proyecciones de hoy.
D: Las proyecciones siguen cambiando los sentidos. Con el tiempo tal vez no sigo mirando toda la obra sino que voy directamente a un lugar porque ese lugar me abre otros espacios.

J: ¿Cómo conviven esos diversos espacios o roles en el contexto de tu vida y de tu obra?
D: Yo viví 19 años en Liniers, iba mucho a la iglesia de San Cayetano, me mandaron a catequesis…no soy religioso pero me gusta la religión y me acuerdo de cómo estaba puesta esa cruz con ese Cristo…faltaba que me chorree la sangre encima, me paraba abajo y lo primero que veía era el escorzo del pie, imaginate a los 6 años ver a un hombre en esas alturas con esa iluminación y la cruz encadenada al techo, las columnas, las formas de la iglesia, los murmullos…es espectacular. Después salís al barrio con las santerías, de un lado los santos cristianos y del otro los diablos umbanda, el bien, el mal y acá los diablos en pelotas, los penes rojos y negros… 6 años y el olor a choripán y la cumbia y Rivadavia, la autopista, el Sarmiento, gente que se tira debajo de las vías…es un espectáculo. Tengo horror al vacío, soy barroco por donde me tocó porque viajé por Latinoamérica y somos así, Suárez muerde a la gente en el fútbol, somos surrealistas, necesitamos antropofagia, es una necesidad de expresarse, de correr, de vencer a los monstruos, aunque mas no sea corriendo a una pelota.
J: Cortázar decía que la única manera de matar a los monstruos es aceptarlos.
D: Todo es monstruoso…aparte porque cuando veo gente que siempre es igual no me gusta, siento que no esta viva, no pasa esa cuestión alquímica de transformación, de crecimiento. La alquimia tiene que ver con la transformación, la naturaleza, los elementos, la parte fantástica de los dragones, de la metamorfosis humano animal, la importancia de la vegetación y de ciertos derivados de lo natural. Yo he hecho objetos de plata donde también hay procesos de alquimia y naturalmente me fui acercando a este tema.
J: Tenés un interés en el dinamismo y la transformación propias de la alquimia pero la imagen revela un costado controlado y programático. ¿Esto fue siempre así?
D: No, desde los 15 hasta los 25 trabajé con un automatismo bestial. Trabajé con ciertos bestiarios en un diálogo con la escuela de De la Vega, Macció, Deira, Noé. Salí muy conmovido de una muestra del año 92 por los 30 años de la nueva figuración, sentía que esos 10 años estuve trabajando de una forma y luego con el tiempo y la experiencia gráfica que yo tuve en un momento sentía que era un tipo dibujando y otro pintando y me lo hicieron ver varios colegas, uno fue Juan Doffo. Él me dijo “vos hacés un año una muestra de dibujo y el otro una de pintura, ¡qué interesante sería unir el sentido de esos dos mundos y ver qué pasa!, porque en el mundo de la gráfica vos tenés tu imaginario, en el de la pintura tenés toda tu fuerza y descontrol pero más asociada a otros imaginarios…”
J: En la pintura se hacía evidente el legado…
D: Sí. Me quedé pensando y es verdad, yo cuando veía mis dibujos sentía que estaba leyendo, como si fueran escritos, y en la pintura encontraba una cosa de rebeldía que tenía que ver también con la edad. Pero en lo gráfico yo estaba contando mi historia, entonces traté de hacer una fusión y para hacerla tuve que pensar de otra forma y lo fui haciendo de a poco, de una forma primitiva en un comienzo y luego entre en un rigor formal asociándome a ciertas corrientes que a los 15 años no me importaban como la geometría, fui entendiendo y me fui metiendo. Siento que todo lo que hago es gráfico, la línea define mi trabajo, yo me apoyo en eso y luego desde ahí voy avanzando, a veces se dispara para un volumen, en cerámica, en resina. Ahora la acuarela me permite recuperar esa impronta de no saber porque ensucio, tiro el agua…
J: ¿Fue en el encuentro del dibujo y la pintura que apareció el cromatismo tan característico en tu obra?
D: No, se fue dando de a poco. Es una influencia de viajes, de recorrer Latinoamérica, de vivir en Méjico, recorrer el norte argentino, revisitando Liniers, las influencias de los textiles latinoamericanos, empezar a decodificar ciertos sentidos de cómo chocan los colores. A veces siento que es compleja la manera en que los trabajo, siento que en algunos años he logrado una síntesis, cosa que me cuesta mucho porque soy un tipo que trabaja con muchos elementos. Mezclo personajes de mi imaginario en una geometría concreta con elementos de la naturaleza o los textiles, mezcla de modernidad con antigüedad de los pueblos originarios, armo de ahí lo que puedo y para no aburrirme me voy saltando de técnica en técnica, acuarela, pintura, cerámica, resina.
J: También se da una modificación de la imagen a partir de las posibilidades expresivas del material.
D: Totalmente, lo vivo de esa manera. Es verdad que siento que soy un tipo que hace transformaciones de a poco en su obra, voy armando una construcción que va cambiando, no es un impacto, es otro camino, otro proceso. Hay artistas que todos los años son diferentes pero son necesidades de cada uno.
J: Volviendo a lo cromático…pasa algo muy fuerte, el color te toma, te deja hipnotizado porque es muy vibrante y por otro lado la muerte y el diablo conviven con ese tratamiento cromático feliz, lúdico.
D: Sí, hay una gestualidad festiva, de un campo mágico donde pueden pasar cosas terribles o no tanto, de carácter esotérico, de ensueño…Me gusta el rol del lector de esto, las posiciones que toma la gente. A veces me dicen de las cerámicas que les da ganas de acariciarlas pero que tienen miedo de que les muerda o que son buenas pero no se quieren quedar a la noche con ellas, que tienen algo maligno adentro pero son tiernas. Otros me dicen que no les da nada de miedo lo que hago, otra gente siente que el color engaña, que soy un demagogo…
J: ¡Te están diciendo que es un desacato pintar la muerte de naranja!
D: Pero yo pienso en esas cosas y también he hecho series súper monocromas, yo siento que juego de diferentes maneras. Lo que mas escucho es que soy un pintor figurativo y es verdad pero también me interesa la psicodelia de elementos, las plantas, los lunares, el color y la textura, los signos geométricos…
J: Llegamos al final de la charla y hay una última pregunta que te quiero hacer… ¿vos sos el Matasiete?
D: No, creo que no. Me gustaría.
J: ¿Creés que puede ser una especie de alter ego?
D: Yo creo que sí, es que es raro. Es alguien que admiro pero me pongo nervioso cuando me preguntan. Es como un guía, en la representación es un justiciero, un defensor del pueblo, un solitario que no se banca las injusticias. Yo me siento un interlocutor porque lo recibo de muchas maneras: dibujándolo, escribiendo, pensándolo. Me encanta estar guiado por este personaje pero no me lo puedo encontrar. Hay un cuento que es el Matasiete con toda su historia y otro que cuenta que el día que me lo encuentre y lo vea al poco tiempo yo me voy a morir así que siento que es una búsqueda eterna.
J: Esto me hace pensar en el proceso de individuación planteado por Carl Jung. Nos aproximamos al “sí mismo” pero mientras estamos vivos nunca llegamos, funciona más bien como un motor de crecimiento…
D: Es un gran conductor, me mantiene en la búsqueda. También me ha pasado que lo sentí muy presente, muy cerca y me dejo pensando en épocas que no trabajé mucho y me pasaron cosas. Me encanta perseguirlo para tratar de entender y guiarme por su espíritu. Es un acto de fe, por ahí es mi religión, el sentido, mi oficio, esta forma de construir y de pensar.
Jusa Oñero

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2 thoughts on “Pensar la obra es pensar la vida, Diego Perrotta por Jusa Oñero

  1. Que gran ojete el tuyo DIEGO PERROTTA, tantos premios como si no hubieran otros artistas para premiar,
    Porque no agradeces?Un poco de humildad.

    1. No se quien eres Alito, pero a Diego no conoces.
      Todo a contrario, El es uno de los artistas con razón premiados que mantiene sus pies bien firmes siendo el amigo humilde de siempre

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