Acerca del mito de la libertad

Desde hace bastante tiempo que vengo reflexionando acerca de la libertad y su contrapuesto: la esclavitud. Se habla más de libertad que de esclavitud, por lo menos en estos últimos tiempos. Es dura de aceptar la condición de esclavo, aunque a mi modo de entender estamos más inmersos en esta condición que en la de seres libres. Pensaba en estos días en un pasaje del Éxodo y en el blog de Uriel Romano encuentro una reflexión referida a ese mismo pasaje. A continuación transcribo una parte.

En Parashat Mishpatim (Éxodo 21:2-6) se narra el siguiente estatuto:

Aparentemente la Torá dictamina un castigo para quien por elección propia decide continuar siendo esclavo en vez de elegir la libertad. Ese castigo era una marca “eterna” en la oreja derecha. Dos grandes maestros de la época de los tanaim (fines del siglo I y comienzos del siglo II d.e.c), Rabi Iojanan ben Zakai y Rabi Shimon toman el versículo del Levítico en el cual Dios anuncia que el pueblo de Israel es su siervo y lo interpretan a la luz de esta ley del esclavo hebreo.
Ambos interpretan el versículo כמין חומר, como si fuera una piedra preciosa. Como una piedra preciosa que debe ser pulida y trabajada para poder ver toda su luz. Así se debe estudiar la Torá, estudiar cada versículo en profundidad pudiendo sacar de cada uno toda su luz. Convirtiendo a cada versículo en una piedra preciosa. De aquel versículo que dice que “Porque siervos míos son los hijos de Israel” nuestros maestros entienden que si somos siervos de Dios no podemos ser siervos de nadie más. Paradójicamente ser esclavos de Dios nos libera de cualquier opresión terrenal. Como dice Rabi Shimshon Rafael Hirsch (Alemania, 1808-1888) comentando otro versículo de Vaikrá (25:42): “Porque ellos son Mis esclavos: El esclavo de Dios no puede ser el esclavo de otros. La esclavitud a Dios es liberadora”. El ser siervos de Dios nos libera. Somos siervos de una fuerza que está por fuera de este mundo, servimos a los ideales de la Torá y al Dios de Israel. De esta forma nos liberamos de cualquier esclavitud y opresión en la tierra. Nadie puede someter a otros y nadie debe someterse a otros hombres porque todos somos siervos de Dios. Esta aparente paradoja de ser siervos de Dios permite la absoluta igualdad entre los hombres, nadie tiene el derecho de dominar a otro ya que como humanidad solo le servimos a Él.
Así lo interpretaron nuestros maestros y así aplican este concepto a la ley del esclavo hebreo. ¿Por qué la marca debía hacerse sobre el oído derecho? ¿Por qué se debía agujerear sobre la puerta y no sobre otro mueble del hogar? Rabi Iojanan ben Zakai, el sabio que se escapó de los radicales judíos que sitiaban Jerusalém en búsqueda de la libertad, en búsqueda de un nuevo centro judío en la tierra de Israel, enseña que la marca debe ser en la oreja porque aquel hombre se negó a escuchar el llamado de Dios hacia la libertad. Rabi Shimon enseña que el agujero debe ser hecho sobre la puerta porque la puerta y sus mezuzot (jambas) fueron testigos de la última plaga en Egipto, fueron testigos del esfuerzo de Dios por sacar al pueblo judío de la esclavitud a la libertad. El oído que no escuchó el llamado a la libertad debe ser agujerado. Aquel que decidió cerrarle la puerta a la libertad allí mismo debe ser agujereado. Dios sacó al pueblo judío de Egipto para poder servirle a Él y no para que se vuelvan esclavos de otros hombres. Así lo enfatiza el Sifrá: “Que los saqué de la tierra de Egipto, con la condición de que no sean vendidos como esclavos” .
Y el acto debía ser público. Debía hacerse en la puerta del lado de afuera de las casas para que todos puedan ver que aquella persona eligió la esclavitud por sobre la libertad. Debía servir de recordatorio y de advertencia para los demás. El exegeta francés Iosef Kara (1065-1135) así lo describe: “Para que lo puedan ver quienes caminan por el dominio público”.
Este Midrash sobre el oído y la puerta, y la negación de salir en búsqueda de la libertad al parecer era muy popular en los tiempos tanto de los tanaim como de los amoraim. El mismo se encuentra, con menores variaciones, en una gran cantidad de fuentes de la literatura rabínica clásica. Sin embargo el agujerear la oreja como signo de castigo tras una transgresión al parecer, en el imaginario rabínico, no era únicamente para quien decidía libremente continuar siendo esclavo. Según la Mejilta de Rabi Ishmael a Rabi Iojanan ben Zakai se le adjudica haber enseñado: “la oreja que no escuchó [el precepto] de no robarás, y salió a robar, esta debe ser agujereada por sobre todos los otros miembros”. El aro debía ser puesto en la oreja para mostrar públicamente que aquella persona no escuchó el mensaje de Dios. El Shadal (Italia, 1800-1865) dice que esta misma tradición de marcar la oreja también se encuentra en otros pueblos en sus días como en los persas o en los hindues. Pero dice que esto lo hacen para marcarlos como adoradores de ídolos. Y quizás por eso, él reflexiona, la Torá quiso específicamente que sea la oreja la marcada como un signo de castigo para alejar al pueblo de Israel de la idolatría.
Otro punto interesante sobre el cual vale la pena reflexionar es el hecho de ser llamados“siervos/esclavos”. A nosotros, lectores contemporáneos, nos puede impactar esta usanza sin embargo esta no era extraña para nuestros antepasados. Al leer en la Biblia la palabra siervos o esclavos (avadim) no debemos pensar necesariamente en la esclavitud forzada de Egipto ni en los esclavos africanos en los Estados Unidos en el siglo XIX sometidos a torturas constantemente. Según Avot deRabi Natan 18 personas o grupos son llamados siervos en la Biblia. Abraham, Moshé, el pueblo de Israel, los angeles, el rey David… incluso el Mashiaj es llamado siervo de Dios. A ninguno de estos personajes lo hubiéramos denominado, a no ser por este pasaje, como siervos. Para nuestros sabios ser siervos de Dios no es un castigo sino un acto liberador. Es servir a los ideales más altos a los cuales un hombre o una mujer puede aspirar. Es saber que estamos comprometidos y unidos con la ética bíblica y con el mensaje de Dios.
Antes de concluir dos últimas reflexiones y enseñanzas generales sobre la ley de los esclavos hebreos. Rashí en su comentario a Shemot 21:6 discute cual es el significado del término לעלם. Generalmente lo traducimos literalmente, tal como lo hace el nieto de Rashi, el Rashbam: eternamente o de por vida. Quien decide someterse a la esclavitud al cabo de los seis años cuando debía salir hacia la libertad debe quedar esclavo de por vida. Sin embargo Rashí enuncia otra lectura posible que surge también de las propias fuentes rabínicas clásicas: אלא עובדו עד היובל בין סמוך בין מפלג “Debe servir hasta el próximo año del jubileo ya sea si cae pronto o no”. Rashi, siguiendo una línea de pensamiento rabínico, comprende que לעלם es solamente hasta el próximo jubileo. Porque en cada jubileo, sin excepciones, todo debe volver a su estatus primigenio. Es un momento para comenzar de nuevo, cada uno con igualdad de condiciones. De esta discusión de los sabios podemos aprender udna valiosa lección: hay veces que aunque nos equivocamos y al parecer nuestra decisión nos marcará para siempre, de alguna forma u otra, en algún momento u otro, podremos superarlo y cambiar nuestro destino.
Y ahora sí, para concluir, una última reflexión. Hasta aquí hemos dicho todo el tiempo, argumentado una y otra vez que el punzón en la oreja era un castigo, un castigo por elegir la esclavitud frente a la libertad. Sin embargo el Shadal al final de su comentario al versículo en cuestión nos sorprende con una lectura totalmente diferente: “La punzada es una señal de que aquella persona no le sirve a su amo por obligación sino por libre elección y por propia voluntad”. Qué conclusión sacamos de esta segunda lectura se lo dejo a cada uno de ustedes pero yo me llevo una: todo puede ser entendido de una forma o también de una forma completamente opuesta. Todo depende no del oído sino de la mirada.

A mi modo de ver somos esclavos, una opción que presenta el texto de Uriel es otorgarnos la libertad de elegir ser esclavos para de este modo alcanzar alguna vez la libertad. Desconocemos entonces qué es la libertad y ese desconocimiento tal vez sea el principal impedimento para alcanzarla.

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