La muñecas bravas de Paris de principios de S. XX

Alexandre Dupouy es un arqueólogo del sexo. Este coleccionista francés ha dedicado su vida a estar entre el polvo de eso que él define como “reliquias eróticas y pornográficas”. En su librería Las lágrimas de Eros, ubicada en el distrito 11 de París y abierta solamente con cita previa, acumula y revende las fotos, pinturas y objetos sexuales que datan de antes de nuestro nacimiento. Es como un pequeño museo de la historia de las costumbres en Francia.

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En 1975, Alexandre Dupouy recibió una llamada de un amigo librero, que le dijo que un viejo señor tenía “una cosa especial para mostrarle”. Una vez en el sitio, el octogenario abrió la cajuela de su lujoso carro, lleno con fotografías en blanco y negro de prostitutas desnudas sonrientes. Le explicó que había tomado la mayoría de sus fotos en un burdel de la calle Pigalle, durante el período de entre guerras. Sintiendo que se acercaba su final, el hombre aceptó separarse de su colección siempre y cuando lo mantuvieran en el anonimato. Los dos libreros lo bautizaron el Señor X.

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Casi cuatro décadas después, Alexandre Dupouy decidió reimprimir una parte de la impresionante colección de desnudos del Señor X “única en términos de calidad y cantidad” y publicar un libro.

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Alexandre responde unas preguntas:
¿De dónde venían las prostitutas parisinas de principios del siglo 20?
Alexandre Dupouy: El perfil típico era de la niña que llegaba a París para alimentar al resto de su familia que se quedaba en la granja. No tenía nada que comer. Empezaba a trabajar, pero era despedida por el capataz. Entonces, la niña caía en manos de una mamie que le decía: “ven aquí; hace calor y hay comida”. Le daban un camisón para recibir a los hombres y pasar la noche junto con 10 o 15 compañeras en la misma situación. En esa época, una prostituta ganaba mucho más que una obrera. En 1900 en París, una obrera ganaba 2 francos al día; una prostituta de la calle, 5 francos por turno; una de burdel, 20 francos.

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Nos enteramos de que al reverso de las fotos, el Señor X anotaba los nombres de las fotografiadas: Mado, Suzzete, Gypsi, Mimi, Nono, Pépé, etcétera.
El Señor X debía ser un cliente cercano a sus modelos, simpático y generoso. Lo que es asombroso es que las niñas aparecen muy relajadas en las fotos; se divierten. Incluso hay fotografías de exterior donde él las lleva por las orillas del río Marne. También realizó dos pequeñas películas de diez minutos, en exterior y en interior. Esas imágenes revelan sus fantasías: pone a dos mujeres juntas. Una juega a ser la pudorosa, mientras que la otra intenta desnudarla.

Le gustaban las niñas exhibicionistas. Es un poco como E. J. Bellocq, ese fotógrafo de Nueva Orleans que se metió en los burdeles y terminó siendo parte de su mobiliario. En todo caso, si existen pocas imágenes de burdeles, es también porque estaba prohibido.

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¿Qué piensas de la evolución de la prostitución en Francia?
Lo que veo es que la prostitución disminuye a pasos agigantados. Se ha disminuido, sobre todo, por las costumbres conyugales. En el siglo 19, si a una burguesa se le pedía una felación, casi siempre se negaba. Y si la aceptaba, podía arrancarle las pelotas a su marido. Hasta 1970, la sexualidad de una pareja no era la misma. Esa es la razón por la que la función de la prostituta se ha convertido en algo caduco.

Fuente: Vice

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