Ciclos de cine de autor

Entender que existe una diferencia entre diferentes formatos cinematográficos y apreciar esa diferencia es un aprendizaje. No es lo mismo ver una película en televisión o en cine. No es lo mismo verla desde el monitor de una PC o desde una Tablet. Los matices se descubren con la experiencia. Hay una cinefilia asociada a elementos post-tecnológicos. La mística de ciertos lugares cuya historia y fama modifican la apreciación de la película. Apreciar la diferencia entre el fílmico y el digital, desde luego. Apreciar y valorar la diferencia entre la experiencia cinematográfica completa, que no es sólo ver la película, sino el acontecimiento de ir al cine sobre la experiencia de ver la misma película en formatos hogareños. Enorme diferencia. A propósito de lo cual, expreso mi desacuerdo con los críticos de cine que escriben sobre una película, pero no van al cine a verla.
Un ciclo de cine es un recorte sobre el mundo. En el mejor de los casos, hay una visión de autor detrás de las películas elegidas. Hay un tipo de ciclo de cine asociado a la idea de cineclub, donde se respira la complicidad, el barrio. Un tipo de ciclo de cine que consta de presentar una serie de películas elegidas según un criterio más o menos aleatorio, películas que serán proyectadas sobre una pared o una pantalla a través de un DVD. La calidad de la imagen ampliada dependerá de la calidad del DVD, del proyector y de lo que sirva como pantalla. El encanto no está necesariamente en la película, sino en la experiencia compartida. En comentar la película con la gente que compartió la experiencia, con el amigo, con el vecino. Esta práctica responde a un modelo cada vez más raro y anacrónico.
Me acuerdo de la Biblioteca Popular 1º de mayo, en Villa Diamante, que realizaban ciclos de cine que, básicamente, constaban de un grupo de gente que se juntaba a ver una película en una televisión, porque un proyector era algo impensable, fuera de todo presupuesto. En cambio la Biblioteca Popular Sarmiento tenía proyector, al pedo porque no realizaba ningún ciclo de cine, pese a tener el catálogo de películas VHS de los más importantes que haya visto nunca. La primera vez que vi una película ampliada, con proyector, me pareció casi tan fascinante como ir al cine.
En fin, con el tiempo no sólo fui consumidor de ciclos de cine, sino que me convertí en programador. No me refiero a que alguna vez programé algún ciclo, sino que lo he hecho de manera constante y sostenida por años enteros. Desde el 2010 hasta el presente realicé numerosos ciclos de cine en bibliotecas, bares, librerías y centros culturales. Los más importantes en el Club Premier, Bar Virasoro, Librería Alamut. En el 2010-2012, antes de la ley SOPA, descargar películas en alta calidad era tan fácil como buscar el nombre de la película en Google. Me acuerdo que, entonces, la posibilidad de proyectar una película a la que se podía acceder de una manera tan simple, presentaba cierta contrariedad. ¿Para qué alguien iba a tomarse la molestia de asistir a un ciclo de cine cuando podía ver esa misma película desde la comodidad de su casa? Pues, porque hay gente que entiende que ver una película no es solo ver una película.
Conocí mucha gente que compartió conmigo la alegría de un ciclo de cine. Uno se involucra inevitablemente de otra manera con una película cuando asiste a un ciclo de cine y esto no tiene que ver con la película en cuestión, sino con la experiencia completa. Los recuerdos quedan ligados de otra manera al asistir a un ciclo de cine. Ni hablar si las películas elegidas están proponiendo algo diferente. Gracias a los ciclos de cine, conocí a muchas personas que luego se convirtieron en mis amigos. Uno podrá ser todo lo solitario y cascarrabias que quiera, pero si te gusta el cine, no hay nada como compartir la experiencia de ver juntos una misma película. Ni te digo si promedia un vino.
Total, que tengo la triste sensación de que la edad dorada de los ciclos de cine que responden a este formato agoniza y la posibilidad de descargar películas y verlas en la comodidad del hogar no tiene nada que ver. No hubo ninguna modificación tecnológica del 2010 a esta parte que justifique o explique por qué los ciclos de cine convocan cada vez menos gente. De hecho, era más fácil descargar películas antes que ahora. Sin embargo antes (pese a lo sencillo que era descargar películas) la gente asistía a los ciclos de cine y ahora cada vez menos. Claramente, la explicación no es de orden tecnológico, sino cultural. De hecho, los ciclos de cine que más o menos funcionan (en tanto y en cuanto consiguen captar público) son los ciclos de cine cancheros: esos que no proponen nada nuevo, sino actualizar el discurso de la cultura conformista. A la gente le encanta ser canchera y no me opongo a que lo sea, pero es necesario que se entienda cómo funcionan las cosas.
Pierre Bourdieu comenta que los que asisten a galerías de arte suele ser gente de clase media y clase media alta, cuando los museos, en la mayoría de los casos, son gratuitos. Las posibilidades de acceso a cierto consumo de arte no están restringidas o limitadas por la economía, sino por la cultura. Mi hipótesis es que los ciclos de cine de barrio ya no funcionan como antes y sé que esto luce como el discurso de un luchador cansado y sé que muchos burgueses con culpa querrán alentarme a que lo siga intentando. Precisamente los que nunca asisten a ningún ciclo de cine. Hay un discurso oficial que pondera el arte y la cultura, pero también hay ciertas prácticas cotidianas que confirman y desmienten esos discursos. Creo que no me equivoco al pensar que todos y cada uno de los que lean esto pensarán que un ciclo de cine es algo bello. Sin embargo, los ciclos de cine convocan cada vez menos gente.
Aclaro: no me estoy quejando. Hablo de mi experiencia personal. Hablo de cinco años de haber programado montones de ciclos, algunos súper exitosos y otros para 4 personas. Mi sensación es que la misma gente que llora la muerte de este tipo de propuestas es, precisamente, la gente que nunca asistió, ni asiste. Miles de veces me pregunté si una convocatoria exitosa responde a un ciclo de cine armado con criterio o no. Miles de veces me pregunté si el éxito o el fracaso de convocatoria responde a la calidad de la propuesta. La respuesta es inexorable: depende del azar. He proyectado películas subtituladas especialmente para la ocasión. Películas que, a menos que uno entienda el idioma original, sólo podían ser vistas el día de la proyección. Contra todo pronóstico, la asistencia en esas oportunidades no ha sido espectacular. Sin embargo he proyectado películas que pueden verse directamente desde YouTube y la convocatoria ha sido un éxito. ¿Entonces? Azar, nada más que azar. A veces algo tan circunstancial como el hecho de que el día de la proyección llovió o jugó Boca, cosas así.
Antes de terminar, sólo quiero agregar que si alguien está pensando en armar un ciclo de cine,que lo haga. Por mi parte, yo también insistiré con ello. Más allá de la convocatoria, más allá del éxito y del fracaso. Hay algo vital, necesario, en continuar proponiendo una visión sobre el mundo. De la manera que sea, para quien sea.
Allí nos vemos, infatigables camaradas.

Luciano Alonso

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