Salid del tiempo al espacio. Encuentro de Matías Ygielka con Bob Chow en el Aleph de colegiales.

En el otoño del 2014, el escritor experimental Matías Ygielka realizó una pegatina masiva de afiches que, bajo el lema SALID DEL TIEMPO AL ESPACIO, aparecieron en toda la ciudad de Buenos Aires exhortando a intercambiar experiencias y desarrollar proyectos que salieran de la pura literatura como disciplina. A través de uno de esos afiches fue que el escritor argentino Bob Chow entró en contacto con Matías y se encontraron una tarde en Colegiales.

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Bob Chow – Primero contame un poco sobre la procedencia de tu firma: Piragón.
Matías Ygielka – Piragón es la mariposa que nace del fuego. Según los antiguos son mas pequeñas que una mosca. Una criatura que no busca perdurar en la vida, sino mantener viva la llama de la cual ha nacido, fuego del alma y fuego de la mente, prefiere quemarse a perdurar en la vida alejada de este fuego sagrado.
BC – ¿Qué pasó finalmente con la convocatoria; o como llamarías vos a la acción esta de empapelar la ciudad con afiches?
MY – Fue una exhortación; y a la vez un experimento antropológico. Quería ver que pasaba con una interpelación semejante hecha en un lugar netamente público y anónimo. La verdad es que en principio me sorprendieron mucho las respuestas que tuve. Escribieron una gama de personajes interesantes: filósofos, escritores, gente anonadada pidiendo más información o mandando saludos desde la inmensidad, poetas, algún artista plástico, una tarotista, e incluso un físico argentino llamado Gabriel Catrén que nos envió una conferencia sobre el espacio-tiempo. Con muchos de ellos llegué a reunirme físicamente una noche en un bar de Buenos Aires a ver que salía.
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BC – ¿Qué fue lo mas raro que te han dicho en relación a los afiches que pegaste en toda la ciudad?, ¿la gente, cómo se acercó?, ¿pensando que eras un marciano?
MY – Si, algunos pensaron que era extraterrestre. No era lo que yo esperaba. al menos en principio; era una exhortación para intercambiar experiencias, accionar, y vehiculizar, entre otras cosas, lo que en el afiche se plantea: Ciertas ideas que están encaminadas en muchos planos pero que falta, entre otras, colaboraciones, infraestructura, guita, magia y muchas otras entidades para desarrollarlas y quien sabe qué más. Pero creo que en el fondo funcionó como experimento ultraliterario, como acción performática en si misma.
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BC- ¿Como gestionabas los mails y los intercambios que iban surgiendo?
MY- Todo el proceso fue muy enigmático. Un viernes a la madrugada fue que colocaron los afiches. El sábado amaneció y salí con mi novia a recorrer la ciudad, y nos los íbamos encontrando. Al llegar a Defensa y Belgrano, caminando por San Telmo, veo a lo lejos que una chica esta parada frente a un afiche, en la vereda de en frente, saca una libretita, anota, y se va caminando. A la hora llegamos a la casa y me había llegado el primer mail, ¡el iniciático!, de una chica llamada Flavia. De los dos mil afiches pegados por toda la ciudad fuimos testigos de esa primer persona. Con ella fue que armamos un grupo de gmail, llamado receptáculo, e íbamos respondiendo y viendo que hacer en cada caso. Lo más loco es que le saqué un foto a ella cuando miraba el afiche aquella mañana y nunca se la mostré.
BC – Contame un poco sobre la predisposición que tenés a la mezcla de disciplinas artísticas o a la necesidad de crear nuevos rubros.
MY – Yo creo que, más allá de la tendencia contemporánea pro mezcla de disciplinas, es necesario cagarse en el concepto mismo de disciplina sino en los conceptos mismos. Suena medio pelotudo y trillado esto que digo. Pero es cierto. Hay que cagarse en las disciplinas o en lo que cada disciplina supone de sí misma. En este ejemplo (es raro desarrollar esto en la calle en plena tarde): paneles de acrílico transparente, dispuestos en formas paralelas, cada plano representa una dimensión posible en donde podemos explayarnos de todas formas posibles, estos abarcan todo un gran espacio, a modo de instalación, de construcción escultórica, para experimentar y transcribir lo que sucede en simultaneidad temporal. Burroughs, Joyce y tantos otros intentaron trabajar con la experiencia total de todos los tiempos, todo el tiempo ahora; y al menos a la escritura, técnicamente, fue imposible trasladarla; toda esta arquitectura, lo que en el afiche-exhortación se sugiere como Instalación-Novela, no pertenece y no es ninguna disciplina Allí leer sería entonces como asistir a las entrañas de una maquinaria: la maquina fractálica del tiempo violentado. No sé. Creo que podría cobrar valor este proceso, habría que montarlo, ver que pasa en el desarrollo, quizás se resignifica y se reconstruye, habría que laburar en conjunto y conseguir en principio varias cosas, pero en verdad no tengo claro que otras cosas podría disparar.
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BC – Se ve que tenés buenas intenciones, después hay que ver que se puede materializar. Y cuando digo buenas intenciones no me refiero en términos morales, sino que son intensiones picantes, voluptuosas. Yo también siento la espontánea necesidad de mezclar disciplinas, y cuando digo disciplina me refiero a que, por ejemplo, mañana podría inscribirme en la policía federal y experimentar energética y perceptivamente eso y pasarlo, trasladarlo, mezclarlo, por ejemplo, con la escritura.
Aquí el encuentro es interrumpido.

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