La carrera de los Autos Locos (por el combustible)

Si bien hoy en día, los vehículos eléctricos están ganando la competencia en la decisión por cómo se impulsarán nuestros autos en el futuro, ese triunfo nos sería más que una revancha.
Retrocedamos unos 100 años.

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Este es un auto eléctrico de 1915, uno de los cerca de 40.000 producidos por la estadounidense Anderson Electric Car Company en Detroit entre 1906 y 1940.

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Alcanzaba una velocidad máxima de unos 40 kilómetros por hora y recorría unos 80 kilómetros antes de que necesitara una recarga de sus baterías de plomo.

Tendemos a creer que nuestros sueños eléctricos son producto de nuestro mundo altamente tecnificado pero, en muchas partes de Estados Unidos a principios siglo XX, los autos eléctricos eran los preferidos por la gente.

Y no sólo allá, el primer hombre que superó los 100 kilómetros por hora lo hizo en Acheres, cerca de París, en un vehículo eléctrico de su propio diseño. Su nombre era Camille Jenatzy y el de su auto: “Jamais Contente” (Nunca contento, refiriéndose a que nunca estaba satisfecho).

El vapor, otro competidor de entonces

Los automóviles de vapor, por su parte, funcionaban de una manera muy similar a cualquier otra máquina de vapor.

El agua hervía al calor de boquillas de keroseno y el vapor era forzado a entrar en cilindros donde empujaba pistones, que hacía girar un eje, que movía las ruedas.

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Y eso era todo lo que queríamos de cualquiera de estas fuentes de potencia: un eje rotatorio.

Aunque la posibilidad de que se estallaran fuera preocupante, la energía de vapor era una vieja conocida en la que la gente confiaba.

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Había estado acompañando la industrialización desde el siglo XVIII y había hecho posible el milagro del tren.
El vapor era algo que la gente entendía. Además, una máquina de vapor funcionaba con casi cualquier cosa que ardiera. Así se dañaran varias partes, seguían funcionando.
En EE.UU. las ventas de automóviles a vapor empezaron a superar las de los eléctricos.

Pero, en sus espejos retrovisores ya se veía, acercándose a alta velocidad, el rival que estaba destinado a dominar el mundo: el motor de combustión.

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El Motorwagen es considerado por algunos el primer automóvil del mundo. Funcionaba con gasolina.En 1885, cuando Karl Benz encendió el motor de su Motorwagen por primera vez, describió el sonido que hacia como “la música del futuro”.
El motor de combustión es muy problemático: requiere de electrónica sofisticada, de una bomba de aceite, de lubricación, válvulas que suban y bajen, resortes, caja de cambios, etc, etc, etc.
El determinante para que ganaran la competencia no estaba en el motor sino en el tanque de gasolina: la autonomía.
Los carburantes fósiles son energéticamente densos y eso fue como un gran regalo de la naturaleza. Si hubieran querido viajar la misma distancia con un auto eléctrico, habrían necesitado una batería tres o cuatro veces más grande que el auto.
Las estaciones de gasolina aparecieron rápidamente por todos lados.
En contraste, las redes eléctricas nacionales no existían, lo que hizo que el auto eléctrico quedara confinado a la ciudad.

Pero, ¿qué pasó con el vapor? Los trenes habían conquistado el mundo así que ¿por qué no los autos de vapor?

Eran más simples mecánicamente que el novedoso motor de combustión interna y producían energía continua gracias a la presión del vapor, así que no tenían necesidad de la transmisión, embrague o engranajes de un motor de combustión. Con pocas piezas móviles, funcionaban silenciosamente y podían detener su potencia en cualquier momento para reducir la velocidad más rápido que los frenos poco efectivos de entonces.

Una de las claves fue que la línea móvil de producción de Ford aplicó el Taylorismo e hizo que el precio del Modelo T, su auto para las grandes multitudes, se redujera constantemente. Cualquiera podía acceder a un vehículo.

Así que fue la infraestructura, los precios y los métodos de producción masiva los que inclinaron la balanza.

Para los años 20, la batalla estaba ganada. La era del petróleo había empezado y su dios era el motor alternativo o de pistón.

Regreso al futuro

El Hyundai ix35, el primer auto con pila de combustible de hidrógeno verdaderamente disponible comercialmente.

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Es un auténtico auto eléctrico: lo que mueve sus ruedas es un motor eléctrico. Pero en vez de funcionar con una batería que necesita de recargas, lo hace con una célula de combustible que es algo así como tener una central eléctrica en miniatura a bordo. La del Hyundai ix35 produce 100 kilovatios, suficiente para alimentar toda una casa. Llenar el tanque de hidrógeno (la célula de combustible) toma 3 minutos y, si manejas con cuidado, te alcanza para unos 560 kilómetros.
Y esto es muy importante: lo que sale por el tubo de escape no son gases tóxicos sino agua.

Sin embargo, comparte un problema con los primeros autos eléctricos: hay muy pocas estaciones de hidrógeno.

Y esta tecnología, que nos puede parecer salido de la ciencia ficción, provienen de dos fuentes del pasado, nás antiguas aún que el Motorwagen de Benz.

Una: el motor eléctrico.

La otra, la pila de combustible misma: William Robert Grove, un jurista de profesión y físico de vocación, hizo un experimento en 1839 que demostraba la posibilidad de generar corriente eléctrica a partir de una reacción electroquímica entre hidrógeno y oxígeno.

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