La religiosidad de Raúl Soldi

De paseo dominical fuimos con Silvana, mi pareja, a la parroquia Santa Ana de Glew, la capilla que a Raúl Soldi le llevó 23 veranos pintar. Ni bien entré me impactó la pintura detrás del altar. Y una vez adentro respiré un halo de religiosidad único (y aclaro que fui a colegios católicos y una vez oficié de monaguillo, pero no me llamaron más porque desparramé todas las hostias por el piso).

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Cicerón afirmaba que religio provenía del verbo latino relegere ‘releer’, ‘retomar lo que se había abandonado’, ‘reverlo’, pero los estudiosos modernos prefieren la etimología propuesta por san Agustín (354-430 d. de C.), que vincula religio al verbo religare ‘apretar’, ‘ajustar’, ‘atar’, ya que la palabra latina religio significa, en muchos casos, ‘acción de atarse, de vincularse, de asumir una obligación’. El latín religare procede del indoeuropeo leig-, con idéntico significado, de donde también se han derivado voces como ligadura, liana, ligamento, obligar. Soldi, con sus pinturas en las paredes de la capilla, abreva de ambas versiones etimológicas, retoma, al menos a los ojos de quienes hoy se encuentran frente a las pinturas, la versión de Cicerón al hacernos volver a lo que se ha abandonado, y esto es el sentido de comunidad. Al instante uno supone qué los rostros de hombres y mujeres que componen las obras son de miembros de la comunidad de Glew, también reconoce esquinas, casas, sitios característicos del poblado y eso ejerce una fascinación para los visitantes, aunque vengan de lejos, de otros pagos.

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De la versión agustiniana tomamos, más que la acción de atarse, la acción de vincularse. Desconozco cuán creyente o no fue Raúl Soldi, pero sí, a través de su pintura, percibo amor, amor a esa comunidad en la que pasó por décadas sus veranos, amor a sus gentes y a sus paisajes, a sus casas, una empatía social admirable.

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No lejos de allí, cruzando las vías unas pocas cuadras, se levanta la Fundación Soldi. Construida sobre el terreno donde se ubicaba la casita de los veranos, hoy la fundación ofrece al público, en forma gratuita, el acervo del maestro.

 

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Raúl Soldi pintó la cúpula del Teatro Colón, también fue escenógrafo en Hollywood y en la Argentina, ha obtenido innumerables premios y menciones en salones de nuestro país y del exterior. Fue un precursor, sus motivos, encuadres y pinceladas, sutiles, empujan los límites de la estética de su época con una gracilidad y amabilidad singulares.

Entre las obras expuestas en la Fundación (las hay de las más famosas, de todas sus épocas) volvemos a encontrar pinturas referentes a sitios, actividades y personas propias de la zona. Un retrato que me llamó la atención (que no lo fotografiamos para el caso) es el titulado “El vegetariano de Glew”. Data de 1967 e imagino lo extraño que debería resultar para ciertos vecinos esa elección de este hombre, el retrato es en tonos verdes, de más está decir.

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Ir a Glew, visitar estos dos lugares, es un viaje delicioso que reconforta y nos amiga con nuestros orígenes de aldeanos y de inmigrantes.

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