Arte is not marketing. De cómo un buen mural realizado por un artista local es tapado por un mural berreta de un supuesto artista famoso.

“Desde temprano, el artista plástico Milo Lockett está dejando su marca en la fachada de la Biblioteca Central de la provincia de Buenos Aires”, anunciaba hacia el mediodía de ayer la Secretaría de Cultura de Buenos Aires a través de su cuenta en Facebook. Lo que la publicación no aclara es que, días antes, en un operativo se tapó con pintura blanca el mural original realizado por el artista local Pablo Motta, solo para que Lockett plasme su mamarracho.

Mural Motta

Esta decisión no habla muy bien de la gestión de María Eugenia Vidal, al menos en lo que a Cultura respecta. En primer lugar sustituyendo la obra de un artista que desarrolla su actividad en la Capital de la provincia que gobierna, en segundo lugar porque la calidad de la obra sustituida es por lejos mejor que la nueva y en tercer lugar porque peca de demagoga al convocar a Milo Lockett, un seudo artista de moda que se apalanca marketineramente con obras benéficas.

Dice Rodrigo Cañete en su blog: “La diferencia en la calidad de los murales es evidente y favorable para el vandalizado. Lockett repite esa organización en friso de sus homínidos de cabeza chata y falta total de volumen que, claramente, obedece a la incapacidad del ‘artista’ de generar volumen ni por medio de las perspectivas ni a través de la luz. Motta en cambio, logra organizar la composición en dos figuras que retuercen el punto de vista del espectador que parece elevarse a medida que se lee el arreglo de izquierda a derecha. Este tipo de lectura no solo está planteado por el formato apaisado (en forma de texto) de la pared sino por la acción de la mujer que nos invita a leer la imagen. El piso en el que ambas figuras parecen flotar sobre hamacas divide el mundo entre el mundo de la naturaleza (el parque) y el mundo de la ciudad, idiosincráticamente organizada con tetraedros, formato cuya característica principal son las diagonales, como la ciudad que homenajea.”

Si la gestión en el ámbito cultural de los Gobiernos Nacional y en este caso de la provincia de Buenos Aires es difundir a aquellos que más que producir obras originales y de calidad generan subproductos comerciales y/o enterteinment, se está yendo por muy mal camino. No es el modo de desarrollar la propia cultura. Con este tipo de gestión no se genera el espacio para que las expresiones locales fructifiquen y consigan un lugar para que los ciudadanos las aprecien y las valoren, ni se incentiva a los productores a arriesgarse con una obra original y representativa.

Como gestor cultural independiente estoy convencido de que ese no es el camino.

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