Un maestro flamenco en el Museo del Prado

Si vas a Madrid antes del 28 de junio podés visitar el Museo del Prado y deleitarte con la obra de Rogier Van Der Weyden. Nunca antes El Tríptico de Miraflores (obra que estuvo en la cartuja de Miraflores hasta el año 1809 o 1810, cuando se la llevó el general francés Jean Dermagnac y en 1850 fue adquirida para el Museo de Berlín), El Descendimiento y el Calvario se han exhibido al mismo tiempo. Ni siquiera el propio Rogier nunca pudo verlas juntas.

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Rogier Van Der Weyden fue uno de los artistas más importantes entre los primitivos flamencos del siglo XV. También se le conoce por Rogier o Rogelet de la Pasture, lo que ha provocado más de una vez el error de pensar que estamos ante dos personas diferentes. Nace hacia 1399 en Tournai, donde realiza su aprendizaje con Robert Campin durante seis años. Se dice que tal vez antes hubiera estudiado escultura junto a su padre, pero el éxito lo obtendrá con el arte de los pinceles.

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En 1432 Rogier ya es maestro y contribuye a la decoración del Palacio Municipal de Tournai; tres años más tarde está en Bruselas, donde logra gran reputación y una interesante fortuna. Como buen pintor flamenco, Van der Weyden va a dedicar especial atención a los detalles, el vivo colorido y el realismo de las figuras, pero a esto se debe añadir el dramatismo que caracteriza sus escenas, como elemento esencial de su pintura. Murió en Bruselas en el año 1464 después de haber trabajado para la alta nobleza flamenca, retratando a muchos de sus miembros.

El Descendimiento
El Descendimiento

Se ha comentado acerca del mal estado del Calvario; años de trabajo de restauración han revelado que está menos dañado de lo que se pensaba y han confirmado su condición de obra maestra. Rogier lo pintó en los últimos años de su vida, en esta obra volcó a la perfección nuevas ideas que venía elaborando. Donó la obra a la cartuja de Scheut, que se había fundado recientemente en las afueras de Bruselas.

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El Tríptico de los Siete Sacramentos, en un planteamiento muy original, Van Der Weyden imagina que todos los sacramentos se celebran en simultáneo en una mismo templo. Las figuras responden a varias escalas distintas, sobre ellas se alza un enorme Cristo crucificado, la cruz llega arozar la bóveda de la nave central. Esta obra nunca antes estuvo en España, se presume que se pintó para Poligny, en el Franco Condado.

La muestra presenta además un gran número de obras de discípulos, colaboradores y seguidores (que pudieron conocer en persona a Van der Weyden o no) que trabajaron a la sombra de su influencia. Se trata de tapices, dibujos, tallas en madera o esculturas en alabastro con el denominador común de tener al artista como último punto de inspiración, ya sea como copia directa, traducción de sus diseños o plasmación de sus ideales estéticos.

 

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