¿Y dónde está el lector? (Palabras de Willie Schavelzon)

Transcribimos un fragmento del post del blog de Guillermo Schavelzon de hoy:

El mayor desafío para los editores no es encontrar autores, sino conseguir lectores para los libros que decide publicar. Los editores reciben miles de propuestas de publicación: escritores que les envían sus manuscritos, propuestas de agentes literarios, de editoriales extranjeras, nuevos libros de los autores que ya publica, más las recomendaciones que ellos le hacen.

Encontrar qué publicar no es difícil, existen mecanismos muy establecidos para buscar qué contratar: News Letters profesionales, informes de sus Scouts, ferias del libro profesionales, información de las agencias literarias, redes sociales… además, por supuesto, de la investigación, y el conocimiento que cada editor tiene de la historia literaria universal.

Así como hay tantos caminos para encontrar autores, no hay ninguna herramienta eficaz, que auxilie al editor para encontrar lectores. ¿Blogs de difusión de la lectura? ¿comunicación? ¿campañas de publicidad? Hay una crisis de los prescriptores tradicionales: críticos literarios, maestros y profesores, suplementos literarios, libreros, cuya debilitada o abandonada función de recomendación, no ha sido reemplazada por las redes sociales, como se decía que iría a suceder.

El editor está absolutamente solo para buscar y encontrar a los lectores, por más ayuda que reciba de estudios de mercado y de las áreas de marketing de la editorial. Asume todos los riesgos, y toda la responsabilidad por encontrarlos o no, se juega su trabajo en ello. Por eso, los editores son más exitosos cuando pueden tomar decisiones basándose en su propia intuición.

Hay quienes lo ven de otra manera, en especial los que trabajan desde el mundo del Big Data, insistiendo en que pueden conocer tan bien a cada usuario, como para para poder predecir exactamente qué querremos leer. El famoso invento del algoritmo. Un tema que trataré más ampliamente en un próximo artículo sobre la crisis del prescriptor. Mientras, cada uno de nosotros aporta, gratis y con cierta ingenuidad, todo tipo de información sobre nuestros gustos más íntimos, criterios de decisión, capacidad económica y estilo de vida.

Estas cuestiones son para mí el eje del problema que llamo “El lector”. Habrá libros en papel o electrónicos, habrá libros con muchas o pocas librerías, habrá libros buenos o malos, pero si no hay lectores, será mucho más difícil todo.

En el mundo de la edición, se habla de los lectores como consumidores. Se menciona, todo el tiempo y en todas partes, el número de libros vendidos. La venta de libros -no la lectura- ha pasado a ocupar el lugar esencial de la comunicación y la publicidad de las editoriales. Todo libro que busca éxito de venta, trae una fajilla que dice “un millón de ejemplares vendidos”, o “diez ediciones”. Si han sido leídos o no, no parece ser un valor esencial, porque en realidad sólo sabemos con certeza cuántos ejemplares se venden, no cuántos se leen.

Palabra de Schavelzon.

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