CUIDADO!!!! abstenerse de pensar. Por Leandro García Pimentel

Ya es de público conocimiento la controversia que ha causado el premio otorgado a la
obra de Agustina Quiles. Y antes de expresar mi opinión, quiero aclarar que no conozco
personalmente a la autora, que no somos amigos, y que aquellos de ustedes que me
conocen -o a mis obras-, saben que mis gustos particulares de imagen no son cercanos
al arte contemporáneo en muchos aspectos.
Normalmente, no diría nada al respecto -porque implica dedicarle tiempo que a veces
no tengo- ¡pero estoy un poco cansando de que la ignorancia en algunos temas sea tan
atrevida! Y aún peor, que resuene como verdad por su constante repetición.
Esto se está tornando en una realidad cotidiana, en donde todos creen tener la razón y
la defienden como si existiera UNA “verdad”, sin siquiera dedicarle unos minutos a
pensar sobre lo que están por escupir al mundo. Pareciera ser que la posibilidad de
hablar y la facilidad de expresarse por cualquier medio o red social, es justificativo para
decir cualquier cosa.
Poder hablar no significa que deban hacerlo, si no tienen nada que decir.
Personalmente, la obra “Sin título” de Agustina Quiles me pareció sumamente
acertada. Ciertamente, creo que es una gran metáfora (y en parte, por eso una Obra
de Arte), no sólo del estado general del Arte, sino del mundo contemporáneo. Pero lo
más lamentable, es ver que el deterioro de lo sensible haya llegado al punto del odio y
de la envidia, y que no se haya podido apreciar las sutilezas que componen su potente
discurso.
Les comparto aquí mi análisis, para aquellos que la han criticado destructivamente,
con una clara falta de interés en hacer un desglose propio.
Desde donde yo lo veo, no sólo re-presenta el estado de lo humano hoy -en el sentido
de cuerpo-, frágil, rasgado, maltratado y sin “marco”. Sino que el contexto, el cual la ha
premiado, no es de menor importancia: un Banco -institución que ha usufructuado al
hombre por siglos- ha legitimado su propio discurso. Y muchos, en vez de reflexionar
sobre esto y sobre lo que la artista plantea, de lo único que se preocuparon es de ver si
estaba “bien” pintando. De ver si cumplía o no con el estatuto (que vaya uno a saber
cuál es) al que llaman Pintura. Juzgar hoy una obra contemporánea, con los mismos
parámetros que hace cien años se miraba un paisaje al óleo, no tiene el menor de los
sentidos.
Esto es lo que sucede siempre, con todo: la tv, las redes sociales o los medios de
comunicación. Se preocupan más en juzgar si lo que ven o escuchan entra dentro de
sus parámetros de comprensión, su moral ficticia o su pseudo-ética, que en ver el
discurso que les están haciendo creer.
No hace falta ser un erudito en Arte para desarmar el discurso de esta obra. Piensen
en sí mismos. ¿Cómo se sienten? ¿No se re-conocen en ese “trapo sucio” como
muchos lo han llamado…? ¿En la fragilidad de su propio cuerpo en medio de la
inseguridad en la que nos deja la ficción democrática, en el empobrecimiento
sistemático (y no sólo de dinero) que hemos sufrido en los últimos 30 años con el
avance del neoliberalismo, y la falta de “marco” que la idea de Estado-Nación tiene hoy
día cuando el poder reside en las multinacionales? ¿O creen que es casualidad que hoy
tengamos un presidente-empresario?
No es difícil entender la obra, sólo hay parar y re-conocerse.
Me parece que el problema es que todavía se sigue juzgando al arte (y muchas otras
cosas más) con los parámetros de una estética que murió en el siglo XIX. El salón, los
grandes maestros y la idea de belleza que se cree estar defendiendo, ya no tienen
lugar en el mundo de hoy; ¡como tampoco lo tiene una cocina a leña cuando estamos
tratando de salvar los bosques!
El juicio estético presupone una distancia contemplativa. Es muy sencillo gustar de lo
ya conocido, y harto repetido. Es muy cómodo mirar un desnudo, un florero o un
paisaje “bien pintado”: porque es fácil entenderlo, porque no hay detrás, no hay
reverso… no hay nada más que una técnica bien aplicada a una imagen literal.
Y a pesar de lo piensan muchos, esta obra tiene mucho trabajo y oficio. No es sencillo,
ni casual, llegar a un resultado como el de Agustina, sin todas las horas de
investigación de materiales y dedicación puestas para alcanzar una idea. Y mientras
muchos se esmeran en aprender herramientas de repetición, para copiar una realidad
que claramente nos está pasando por encima, Quiles está escribiendo un discurso, está
habitando con su práctica artística: y tiene algo que decirnos.
Mi recomendación a los críticos destructivos, y los amantes (y estudiantes) de las
“bellas artes”, sería que abran su percepción y sus ideas, porque se están perdiendo de
mucho. Que con “saber” dibujar, pintar, esculpir, etc., NO ALCANZA.
No es sólo el oficio lo que compone a un Artista, sino lo que tengan para decir con él. Si
sólo se preocupan por el oficio, serán buenos artesanos; y si sólo se preocupan por lo
conceptual, serán -en el mejor de los casos- personas idóneas en el campo teórico.
Pero unir ambos territorios es lo más difícil de lograr, y en mi opinión, es lo que ha
hecho esta artista.
Tampoco es el mercado lo que define a un artista -como muchos quieren hacernos
creer- sino la capacidad del mismo de construir las metáforas que nos interpelen. De
crear imágenes que nos hagan pensar, y cuestionar no sólo cómo estamos, sino de
dónde venimos y a dónde vamos. De actualizar el mito para que siga vigente.
Dicho de otro modo: lo más importante no es encontrar respuestas, sino reformular
las preguntas que ya no nos sirvan para indagar las incógnitas contemporáneas. Y para
esto, en muchos casos se requiere una actualización del lenguaje.
Creo que, en este sentido, Agustina Quiles ha sido completamente exitosa.
Parece que la mayoría crítica espera que los artistas reproduzcan las estructuras
anquilosadas de un sistema perverso, para no tener que ver lo que tanto trabajo les
cuesta mitigar: la realidad. Pero el día que todos nos sumemos al letargo de la
reproducción sistemática, entonces podremos dar por muerto al Arte.
Por fortuna, siempre existe algún traidor.

Leandro García Pimentel

Acerca del Autor
LEANDRO GARCÍA PIMENTEL
1983 / Buenos Aires / Argentina.
Artista visual, editor y docente en la Universidad Nacional de las Artes.
Fundador y ex director de Proyecto Random, expone de forma individual y colectiva desde el 2009.
Su obra se encuentra en colecciones públicas y privadas, nacionales e internacionales.

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One thought on “CUIDADO!!!! abstenerse de pensar. Por Leandro García Pimentel

  1. Me parece muy bueno el criterio d ePimentel.
    El mundo está en harapos y lleno de agujeros, lo reproduce muy bien la autora !

    Pero no quiero tener ese cuadro en mi pared, solo me basta ver un noticiero !m cristina meijome

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