Raya de diálogo (un relato de Ana López)

Resulta que mi hermano Rodrigo me dijo que papá no nació Carlos sino Cinthia y por eso estaban organizando fiesta, para celebrar su nuevo documento de identidad.
– Pero si tiene barba –le contesto con voz de obviedad ante tamaño hecho confirmatorio de la carlicidad de papá.
Pensándolo bien había algo extraño porque en casa había demasiados corpiños, de esos deportivos. Yo había visto gente con cuello ortopédico y albañiles o los que hacen mudanzas con fajas pero de pronto empecé a pensar que eran muchos para mamá sola y tal vez entonces también los usaba papá y no por la espalda ni una cuestión de salud sino porque era mujer. El tema de la barba era un interrogante pero mi hermano dejo de darme bolilla, él es más grande y anda en cosas diferentes como escuchar música todo el día y escribir en su celular.
El tema, como no podía ser para menos, me quedó rondando en la cabeza y mi única referencia y fuente de información era mi hermano mayor.
– Rodrigo, no entiendo cómo es que papá va a ser una mujer.
Mi hermano piensa que soy bobo y me mira con los ojos en blanco.
– Nació mujer pero se volvió hombre. No quería ser mujer.
– ¿Vos qué naciste?
Me dio un empujón bien fuerte que casi me pasa para el otro lado de la pared.
– Hombre ¿Vos?
– ¡También!–respondí sorprendido, pero él, que es más grande, me retruca con una pregunta por demás intrigante
– ¿Y qué querés ser?
– Quiero ser un pájaro y volar.
Mi deseo más profundo y nunca hasta ese momento revelado.
– Serás idiota –y se rió a carcajadas. Luego se puso los auriculares y se acostó en su cama a seguir con sus mensajes telefónicos.
El asunto era importante y decidí resolverlo. Una vez, cuando papá fue al baño, intenté entrar de improviso como con gran apuro sin darme cuenta que había alguien pero tenía la puerta con llave, se estaba bañando. Podía escuchar el agua y su voz, bastante masculina y desafinada, dele cantar.
Hice una lista con posibles maneras de comprobar si papá era Carlos o Cinthia:
1. Poner una cámara en el baño.
2. Esconderme debajo de su cama y espiarlo mientras dormía.
3. Chocarlo sin querer en “la zona” y notar si tenía todo “el equipo”.
4. Pedirle que me lea un cuento y acariciarle la barba.
5. Preguntarle.
Esa última me daba miedo.
Mi hermano encontró la lista y la rompió. ¿Por qué enojarse tanto?
– Vas a arruinarles la fiesta.
Entonces escuché que estaban llegando sanguchitos de la confitería y una torta y fui al comedor ¡Qué de cosas ricas! Mamá estaba súper feliz con un vestido y sandalias y papá ponía música en la compu. Agarre un montón de sánguches y me fui al cuarto a comer con Rodrigo, además estaba dibujando un hombre alado que había visto en internet y quería terminarlo para hacer un poster y colgarlo en la pared.

Más o menos, no estaba muy bien, pero me dejó conforme y usé raya de diálogo como pidió la maestra y por mi cuenta agregue frases y palabras que me gustan. Eso de “La zona” fue invento mío pero lo de “El equipo” lo decimos todos los chicos en los vestuarios. También puse improviso que se lo escuche a mamá por teléfono y me parece que mejoro todo el texto, como que lo hizo más importante.
La maestra me llamó para ir a dirección donde estaban otras dos mujeres y un hombre. Pensé que había pasado una tragedia, no sé un accidente y ahí nomás me puse a llorar y me tiré en el sillón que hay en la dirección pero no, no había pasado nada grave, el revuelo era por el texto. Tenía personajes, tenía diálogo, es cierto que no había mucha acción pero la verdad bastante me costó escribir eso para además meterle acción porque todo era usar raya de diálogo, eso nos dijo la maestra.
De ahí es más se armó. Trataba de disimular para que mis compañeros no se enteren pero se dieron cuenta que me llamaron de dirección y que después aparecieron mis padres y yo agarre y dije que había insultado a la señorita que en clase ni me miraba.
En casa intente meterme en el cuarto y esperar que pase la pelea pero me tuvieron tipo película de policías en un interrogatorio. Me preguntaban y se contestaban entre ellos.
Que si tenía necesidad de hablar, que si alguien me había tocado los genitales, que si en el face pasaban cosas raras de esos tipos que se hacen amigos de chicos para después encontrarlos y secuestrarlos o sacarles fotos sin ropa, que si me intrigaba el cuerpo de las chicas.
Mi hermana Clara se reía hasta que el asunto fue tomando vuelo y empezó con que el raro (supongo que ese era yo obvio) iba a hacer que todos sus conocidos se burlen de ella, que por qué no me llevaban a terapia o que acepten la situación ahí largaron a discutir con ella y yo pensé que iban a olvidarse de mí pero no, el asunto iba haciéndose bola de nieve tipo dibujo animado ¿Tanto lío por una tarea?
– ¿Es por Mario? –mi mamá me clavó una mirada entre asesina, culpable y a punto de llorar. Mario es el amigo gay de mis padres y también mi padrino. Cuando nací, Mario no decía que era gay y tenía una novia preciosa que aparece en todas las fotos de bautismo porque además eso, hasta pensaron que el cura degenerado me había toqueteado cuando voy a catecismo de comunión. Pero nada que ver, casi ni lo vemos, la catequista es Luli, una chica de la misma escuela. Pero ahora si se entera del revuelo por ahí lo cuenta a todo el secundario y mi hermana va a tener que cambiar de colegio y seguro yo también porque si el lunes aparecen de nuevo las asistentes y el asesor o consultor o no sé qué era el hombre, ya no voy a poder disimular más.
Al final de cuentas ¿por qué no escribí sobre las aventuras de un perro? Total todos los dueños hablan con los perros y ellos mismos hacen como que les contestan con voz finita, así podía poner igual la raya de diálogo, conformaba a la señorita y no se armaba tanto lío.

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