Sevigné y el regreso a la inocencia (Un libro, una propuesta)

Capítulo 3. Regreso a la inocencia

O tal vez se trate de una nueva forma de encarar futuros desarrollos urbanos, en esta mezcla de sabiondos y suicidas.
¿Cuál mezcla?
Aquella que comentaba unas líneas más arriba. Arquitectos, ingenieros, desarrolladores inmobiliarios, grandes y pequeñas empresas constructoras, libreros, diseñadores, políticos que toman riesgos, gente que se compromete.
Gente crédula, osada.
Gente despierta.
Gente que sí.
Todo a partir de esta movida sin mucho más rumbo que el de hacer cosas.
Sin importar qué tan bien o mal puedan ir, que réditos puedan dejar, pero sí con la determinación de los originarios, y con las certezas propias de nuestros quehaceres.
Trabajar en Dolores nos dio la posibilidad de conocer mejor el sitio, comprender las relaciones entre la ciudad y el campo, y tomar conciencia de las potencialidades del sitio, de sus sucesivas lecturas, de su música, de sus texturas y de su historia.
El territorio municipal es una vasta área de pasturas atravesada por el canal 9 y con apenas dos asentamientos urbanos bien diferenciados. El ya mencionado Dolores y Sevigné, un diminuto poblado de menos de trescientas almas, también a la vera de la omnipresente ruta 2.
Preocupados por la recuperación de aquellos espacios urbanos que alguna vez fueron significativos y que por historia y por su gente merecen ser rescatados, es que nos atrevimos a hacer una propuesta de recuperación urbana para uno de los hitos del pueblo de Sevigné y por qué no, de la ruta 2.
Porque si bien jamás tuvo interacción con los millones de personas que pasamos frente a él en todos estos años, su presencia es toda una referencia en el camino a la costa.
Ponerlo en valor y generar un punto de atracción y recreación a la vera de la ruta 2, que permita, en una propuesta abarcadora de varios sectores, recuperar al pueblo de Sevigné y generar un alto en el camino. Porque un viaje no es tal si no se disfruta del camino.
Actualmente Sevigné tiene casi la misma población de la época en que se cerró el taller de máquinas que daba trabajo a buena parte de su gente.

Desde aquel entonces y más allá de romanticismos y de su innegable aire bucólico, el pueblo se ha convertido en un bello despojo de casas, un caserío al que casi nadie pone atención.
No pretendemos erigirnos en los salvadores de un pueblo, apenas el de poner en marcha una pequeña idea que esperamos se sume a otras y contagie a muchos más, devolviendo a la ruta un lugar en dónde parar un momento y disfrutar del viaje.
Y por qué no, quedarse.
A modo de ejemplo pongo el del pequeño poblado de Garzón en Uruguay, lugar que no conozco como creo no lo conocía casi nadie que no fuera de la zona.
Sin embargo una acción puntual, mínima, lo puso a la vista de todos.
Considero sin dudas que Garzón debe su renacimiento a Los Negros, el restorán que el chef Francis Mallmann fundó a fines de los noventas.
Una acción puntual de parte de un actor importante despertó conciencia sobre el lugar.
Lo mismo podría suceder con Sevigné, una pequeña acción llevada adelante con precisión puede generar un impacto positivo. Una casa de té con degustación de las delicias que se preparan en la Escuela Agraria, o por qué no, una parrilla gourmet.
¿Se animaría Francis Mallmann a imponer un parripollo con vista a la laguna?

Esperando al chef, o a aquel que se anime al desafío, nos abocamos a desarrollar ideas para recuperar el imponente galpón de máquinas de Sevigné que domina el paisaje como un enorme cartel que nos cuenta de un tiempo de gloria perdido.
Y recuperarlo tanto para su comunidad como para aquellos que nos preguntamos el porqué está allí esperándonos desde hace más de medio siglo.

La tarea es compleja, porque sobre el lugar confluyen diversos intereses.
Pero por encima de todos ellos se impone el del sentido común.
La historia es casi siempre la misma en todas partes.
El país creció y renovó casi toda su arquitectura desde el Período de la Organización Nacional. El camino fue realizado con espíritu de progreso, que olvidó muchas veces tradiciones y no supo o no pudo preservar edificios y sitios.
A eso se sumaron sistemáticas crisis económicas y los diversos cambios de rumbo geopolíticos que fueron dejando despojos de lo que fuimos esparcidos por todas partes.
Y hoy el problema de integrar lo nuevo y lo antiguo, de compatibilizar el patrimonio histórico-cultural con nuevas propuestas, integrándolas, sin desvirtuar el carácter de cada lugar y evitando remedos historicistas.
Conscientes que debemos preservar y conservar todo aquello que exhiba valores de singularidad, calidad y significación colectiva, queremos asegurar la vigencia de la memoria histórica del pueblo.
El taller de máquinas de Sevigné sin dudas representa todo esto.
El proyecto intenta plasmar ese rescate de ritos y costumbres, de relaciones de arte y patrimonio de la ciudad y de las normas que la rigen.
Sin olvidar que eso alguna vez fue parte del fabuloso patrimonio ferroviario argentino.
Queremos recuperar y poner en valor al galpón de máquinas y sus áreas complementarias, que son parte del permiso de uso celebrado entre el Municipio de Dolores y Ferrobaires.
En el lugar queremos dar cabida a lo público y lo privado, con actividades culturales tanto de promoción turística e histórica, y comerciales que incluyan, gastronomía al paso, comercios, servicios, hotelería de ruta y áreas complementarios.
El proyecto busca generar un impacto visual hacia aquellos que circulamos por la 2, y generar un remanso.
Pretendemos a recuperar no sólo el edificio ladrillero, sino también su esencia y algo de su naturaleza original.
Por ello vamos a incorporar a la propuesta a las vías muertas en torno al edificio (aquellas por las cuales llegaban y partían las locomotoras) y ubicar en ellas algunos viejos vagones en desuso que queremos reciclar y poner en valor.
Así, el proyecto busca rescatar el edificio, el lugar, la idea original adaptada a usos nuevos y diferentes, pero que recreen la fabulosa historia ferroviaria argentina.
Para ello, consideramos que la propuesta debe dividirse en dos, por un lado el galpón de máquinas propiamente dicho y por otro el área exterior complementaria.
Consideramos que el edificio ladrillero merece alojar algo significativo propio de la historia del lugar.
Porque lo hay.
Este profundo conocimiento adquirido nos llevó hasta uno de sus más encumbrados personajes.
En los 80’s, el aventurero Alfredo Barragán, un oriundo de Dolores tuvo la peregrina idea de unir América y África en una balsa.
Todos los que pintamos canas conocemos su historia.
Pero sería mucho más importante si la conocieran todos.
Porque es digna de conocerse.
Y en lo personal, porque su aventura se parece un poco a la nuestra.
Hoy esa balsa duerme y se arrumba en un viejo galpón. ¿Los motivos? Los desconocemos y en todo caso no nos interesan. Pero sí la posibilidad de otorgarle una fabulosa excusa a ese taller de máquinas de alojar esa balsa y tal vez generar en torno a ella un museo interactivo que le cuente la historia de ese hombre singular y de su sueño cumplido.

Sevigné tiene además una laguna a la que nadie puede acceder y también un pequeño barrio de casas ferroviarias al otro lado de las vías que merece una puesta en valor.
Seremos nosotros, el chef o el capitán.
O todos juntos, porqué no.
No tiene importancia, pero sí de otorgarle la posibilidad de volver a contar algunas de esas historias adormecidas y sumarles estás nuevas historias.
Sevigné representa un reto y un llamado de atención.
A nosotros como equipo nos ayudó al momento de tomar conciencia de que hay muchos otros poblados con historias parecidas, o muy diferentes que merecen ser parte de un proyecto común.
Porque sin dudas componiendo estos fragmentos seremos capaces de ayudar a dar forma a un plan, un gran plan.
Pero esa ya no es nuestra tarea por fortuna.
Sevigné nos devuelve a los inicios, esos en los cuales nos sorprendíamos con facilidad.
Sin la nostalgia de los tiempos pasados, pero con la determinación de hacerle un lugar en medio de tanta vorágine.
Hacia allí queremos ir.
Hacia allí queremos regresar.

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