El cuento de la post verdad

No hay post verdad, hay un nuevo término para una de las más antiguas y eficaces herramientas de la manipulación: la falsificación de los hechos.

Hoy más que nunca se vive la ficción de la participación en la vida política. Las redes sociales son grandes vehículos de esa ficción. De hecho el origen del término se atribuye a un bloguero, David Roberts, quien usó el neologismo en el 2010 en una columna de la revista electrónica Grist, publicada en la web en formato PDF, definiéndolo como “una cultura política en la que la política (la opinión pública y la narrativa de los medios de comunicación) se han desconectado casi absolutamente de la política pública (la sustancia de lo que se legisla).

Desde hace varios años que vivimos nuestra vida política más que nada regidos por discursos que apelan principalmente a las emociones pormenorizando los hechos y la cuantificación de sus impactos, sin importar de qué sector político provengan esos discursos. Este tipo de filiaciones que provocan “batallas” en las redes sociales como Twitter y Facebook no hacen más que dividir a la sociedad que más que implicarse en discusiones y chicanas debería encontrar espacios de auténtica reflexión (no necesariamente de debate) para consensuar acciones que mejoren la convivencia, incluyan sectores postergados  y contribuyan a un crecimiento y evolución de la misma. Para que esto sea posible es necesario ser racionales y tender al mayor grado de objetividad posible, no importa en qué sector de la vasta y compleja sociedad actual nos desempeñemos.

 

Imágen ilustrativa: obra de Cate Giordano

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