Los inventos preferidos de Guido

La semana pasada me escribió una productora de Guido Kaczka para invitarme a presentar la Expendedora de Literatura bajo la sección “Inventores Argentinos” de Canal 13, así que hoy a tarde me hice presente en esa zona hermosa de Constitución, bajo la autopista. Me recibió la productora con pancita al aire y borcegos, me acompañó a maquillar y me presentó a otros inventores: una diseñadora industrial que inventó un soporte para trabajos en altura y unos chicos que desarrollaron un sistema para motorizar sillas de ruedas. La productora nos explicó que a Guido le interesaban particularmente los inventores argentinos y que por eso nos iban a dar un trato preferencial. Nunca supe cuál era el trato normal, pero el preferencial consistía en sillas y Sprite Zero tibia. Al rato vino un productor con pantalones achupinados y bigotito y me pidió probar la expendedora. La conecté, saqué un cuento de Silvina Ocampo y se mostró muy impresionado. Acariciando el ticket como si fuera terciopelo, me dijo que a Guido le iba a encantar porque “a pesar de que no lo parece, es un gran lector”. Tras una hora de espera nos llevaron al estudio, donde otros productores nos preguntaron los nombres, anotaron planillas, nos colocaron los micrófonos, definieron el orden de aparición y nos ubicaron detrás de un decorado donde había más gente. Ahí esperamos de pie, una hora. La diseñadora industrial le preguntó a un chico que tenía al lado “¿Vos por qué invento estás?” El chico la miró y le dijo “Yo estoy por el pelo” Entonces se abrió la puerta y el chico del pelo salió a cámara. No podíamos ver lo que sucedía, pero sí escuchábamos los gritos encafeinados de Guido Kaczka entrevistando a cada uno de los participantes que fueron a mostrar sus cabelleras. Ahora sí. Estábamos por salir y casi salimos, pero no… venía el segmento de la pizza: pusieron al aire unos pibes que habían amasado una pizza o quizás habían comprado una pre-pizza y le habían puesto el queso o el orégano. En cualquier caso a Guido le pareció interesantísimo porque les hizo muchas preguntas y después vino otra pizza y otra más. Igual estábamos bien con el tiempo y llegado el caso mejor cerrar el programa que quedar entre las melenas y la pizza. El productor nos hizo ubicar frente a la puerta y ahora sí, estábamos por salir… momento… escuchamos por el intercomunicador “Se adelantó el Sapucai” Yo pensé que era un comando en clave, pero en televisión, sea lo que sea que digan, siempre es literal. Así que pasaron diez personas y se pusieron a pegar gritos Sapucai. Al quinto grito la diseñadora industrial me miró con los ojitos húmedos y me preguntó “¿Te parece que vamos a llegar?” Justo en ese momento uno de los gritones tomó aire y extendió el Sapucai otros veinte segundos. A Guido le pareció desopilante, así que le tuvo que hacer varias preguntas. Ahora sí estábamos por salir. Ya no quedaban más Sapucai ni melenudos ni pizzas, ni pizzeros. Estábamos a un paso de la puerta de los inventos argentinos y mala suerte… dieron las ocho. Se encendieron las luces, Guido desapareció y nosotros nos quedamos ahí, sorprendidos entre bastidores. Yo no tan sorprendido. De hecho me hizo acordar a mi luna de miel. Un gondolieri me llevó junto a mi flamante esposa hasta la isla de Murano y como no me interesó comprar un jarrón de 5.000 euros ni un florero de 500 euros ni un adorno de 50 euros, se fue y nos dejó abandonados a nuestra suerte. Obviamente que de Constitución fue más fácil volver y la moraleja fue mucho más clara: a Guido Kaczka le chupan un huevo sus invitados, la literatura y los inventos argentinos. Si alguien sabe cómo me puedo sacar el maquillaje me avisa.

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