De “MATAR A NIETZSCHE” por Roger Vilar

LA REVELACIÓN DEL EREMITA

Zarathustra vivió solitario en la cumbre de una montaña durante diez años. Al cabo de ese tiempo inició el descenso al mundo de los hombres. Atravesaba un bosque cuando vio a un anciano eremita. “¿Qué haces?”, le preguntó Zarathustra. “Rezo, canto, y alabo a Dios. Vivo de las hierbas que colecto en el bosque”, respondió el anciano. “¿Aun no sabes que Dios ha muerto?”, le preguntó Zarathustra. El anciano lo miró con ojos asombrados. Zarathustra siguió su camino. Sentía en su espalda el odio repentino del eremita. Pronto lo olvidó. El sol ya empezaba a ponerse. Debía buscar un refugio para dormir. Se acomodó entre las grandes raíces de un viejo árbol. “Mañana llevaré el fuego a las ciudades, el último hombre es algo que debe morir, se acerca la era del superhombre”, pensó mientras sus párpados caían pesados de sueño. Durmió hasta la media noche. La luna llena se alzaba sobre el bosque. Su luz despertó a Zarathustra. Escuchó el ulular de un búho. A lo lejos aullaban los lobos. Quiso dormirse una vez más, pero entonces escuchó un ruido. Alguien se movía entre los árboles cercanos. Algunas ramitas se quebraron. Zarathustra se dio cuenta de que un enemigo lo acechaba. Tomó una rama seca dispuesto al combate. El enemigo se movió. Zarathustra caminó unos pasos. Quería encontrar al ser que lo acechaba. En ese momento escuchó venir al atacante desde atrás. Pero no pudo repelerlo a tiempo. Pudo asestarle una puñalada en la espalda. Zarathustra cayó sobre la hojarasca. Moribundo, vio ante sí la cara del anciano eremita. “Hoy Dios me ha dado la revelación que esperé durante toda una vida. Nací para asesinarte, Zarathustra”, dijo el viejo. “Yo te hubiera liberado”, respondió Zarathustra. “No sabría qué hacer con esa libertad, profeta del Anticristo”, masculló el eremita y degolló a Zarathustra. La sangre de la víctima brotó a chorros, brillaba bajo la luz lunar. El anciano se arrodilló y elevó su canto al cielo.

LA GUERRA ONÍRICA

La pesadilla no dejaba en paz a Saturno Soria. Una vez que se dormía un anciano encorvado lo pinchaba con una larga aguja. Despertaba aterrado. Se tomaba un vaso de agua, y volvía a dormirse. Entonces se presentaba en sus sueños una ramera vestida de rojo que le cortaba el pene. Saturno, una vez más, despertaba lleno de miedo Al cabo de media hora lo tomaba el sueño. Un enano surgía en su mente. El liliputiense tenía un látigo que empleaba cruelmente contra la espalda de Saturno Soria. Durante el resto de la noche tenía otras seis o siete pesadillas. Su aspecto era demacrado y enfermizo por el mal dormir. Vagaba por las calles desesperado. Una vez, junto a una pulquería, vio al viejo encorvado que lo pinchaba. En su mano tenía la aguja. Saturno Soria no lo dudó. Aquel era el torturador. Lo mató de un balazo y huyó entre el tumulto. Aquella noche la pesadilla del viejo ya no se presentó. Tuvo al menos una hora de sueño pacífico. Las otras pesadillas si se presentaron. Pero en la mañana, con gran ánimo, salió a buscar a la prostituta roja. Tardó una semana en encontrarla. Por fin, la vio en una calle de La Merced. La contrató. En la habitación del hotel la apuñaló y huyó. Y así, semana tras semana, fue encontrando en la ciudad a los sujetos de sus malos sueños. A todos los eliminó. La mayor parte de la noche dormía tranquilo. Pero al filo de las cinco de la madrugada seguía soñando con el enano que lo azotaba. Lo buscó inútilmente durante meses. Por fin, una tarde de noviembre, en un café solitario de la Colonia Roma, sintió que una mano se posaba en su hombro. Miró. Era el enano. Saturno Soria pensó en matarlo. El enano habló. “Te he buscado durante años. Siempre sueño que me asesinas”. Sacó una pistola y mató a Saturno Soria.

LECCIÓN

El águila revolotea dentro de la habitación en lo alto de una torre. Choca contra las paredes. Nunca ha visto el cielo. Elkar la tiene cautiva desde que nació.
La mira sufrir, la mira lastimarse contra los escaparates.
Un día Elkar abre una ventana.
Se asoma.
El águila lo empuja con sus patas. Elkar se estrella. El águila, desde la ventana, mira el cuerpo destrozado.
Se aterra de la inmensidad asesina. Cierra la ventana, y sigue revoloteando en la habitación.

Cuentos pertenecientes al libro inédito “MATAR A NIETZSCHE”

Roger Vilar es escritor y periodista. Nació en Cuba en 1968. Desde 1993 reside en México. En Cuba publicó los libros de cuentos “Corceles en la pradera”, 1986, y “Aguas de la noche”, 1988, y “La noche del reportero”, en 2014. También fue incluido en dos antologías de la editorial Letras Cubanas: “Los últimos serán los primeros”, 1990, y “Anuario de narrativa”, 1993. En México fue incluido en la antología “Martirologios del siglo: homenaje al Marqués de Sade”, publicado por la UAM en 2000. En México ha publicado los libros “La era del dragón”, cuentos, Edamex, 1998; “Brujas”, cuentos, Sediento Ediciones, 2013; “Habitantes de la noche”, premio de novela de la Editorial de Otro Tipo, 2014; y “Agustina y los gatos”, novela, Casa Editorial Abismos, 2014. Su novela “Una oscura pasión por mamá”, salió editada por De Otro Tipo, el pasado mes de septiembre de 2016. “Reino de dragones” es su más reciente volumen de cuentos, y fue publicado en febrero de 2017 por “Ediciones periféricas”.
Su carrera en el periodismo mexicano ya abarca 22 años. Ejerciendo esta profesión ha trabajado en Televisa, Periódico Reforma, y Milenio Diario, todos ellos de circulación nacional. Actualmente es Editor en Jefe de la revista “Horizontum”, impresa y digital.

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