Capítulo 11 de El ídolo de las ventas

Recurre a la moneda. Cara llama a policía, ceca investiga por su cuenta. Arroja el pound. Rebota dos veces contra la alfombra y rueda hasta chocar contra el tabique divisorio de las oficinas. Ceca.
Una hora y media más tarde tiene la agenda de Valitutti descifrada. Silba sorprendido. Hay números de teléfono y celular de más de doscientas personas. Reconoce algunos nombres, políticos, empresarios, celebridades de primera y segunda línea. Da vueltas alrededor del escritorio con la palm en la mano.
– ¿Cómo hizo para contactarse así?
Las vueltas son cada vez más enérgicas. Se sienta. Respira profundo. Se distrae revisando los archivos de texto de la Palm. Encuentra una serie de documentos titulados “Apuntesdelamaq”. Abre el primero.

“La máquina no es consciente de su condición de objeto artificial, está convencida de que es una entidad viviente.”
“La programación básica de la máquina incluye el implante de diversos mitos referidos al origen de la misma como un ser creado a imagen y semejanza de un dios. También incluye un método de análisis e investigación por el cual la máquina intenta develar su propia naturaleza y la de su entorno denominado Método Científico cuyo producto lo denominan Ciencia.”
“Merced a los estudios llevados a cabo con la mencionada metodología, la máquina también está convencida de que es producto de la evolución de la vida sobre el planeta, que no es otra cosa que el mecanismo mayor del cuál ella forma parte. Tanto los mitos como la ciencia colocan a la máquina en el pináculo de la pirámide de las entidades vivas. Por este motivo la máquina desde que tuvo conciencia de sí misma no ha dejado de someter a otros modelos de diferente funcionalidad y diseño que considera inferiores.”
“Yo, la unidad denominada Ernesto Valeroso, como cada una de las otras unidades que se desempeñan en el área a la que he sido asignado, sé que no soy más que una simple terminal sin ningún tipo de programación específica, resultado de una línea de producción en serie. Sí, como todos los que me rodean, sólo que algo está ocurriendo conmigo.”
“Ayer, en la hora de refrigerio, mientras ingería una infusión estimulante que denominamos café, le conté a otra unidad con la que comparto tareas las sospechas que albergo acerca de nuestra naturaleza. Le dije: Monteda, somos sólo máquinas. Él, como respuesta, se retorció con unas convulsiones y emitió sonidos estridentes, a esta reacción la llamamos risa. Si somos máquinas, cosa que dudo, vos sos una máquina loca, agregó luego, haciendo gala de lo que llamamos sentido del humor. Algo habitual en él. Una máquina loca, le contesté experimentando la reacción que llamamos ira, es la que desconoce que es una máquina. Más tarde, resolviendo uno de los tantos problemas que tengo por tarea me pregunté: ¿y si desconocer nuestra auténtica naturaleza es una condición prioritaria de nuestra programación y realmente estoy enloqueciendo o sea, desprogramándome?”

Esteban cierra el archivo. Va hasta la ventana con los puños cerrados. Mira los balcones de enfrente bramando: ¡El artista era yo!

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