EL FRASCO DE MERMELADA

“Too much information running through my brain
Too much information driving me insane.”
The Police

Arturo es un ex-contador de sesenta y siete años morrudo y cascarrabias. Se queja del clima, del tráfico, del tiempo de espera, de la situación económica y hasta del desempeño de un delantero de Atlanta. Siempre viene al consultorio acompañado por su mujer que intenta una o dos veces calmarlo y después ya se resigna. Con lo que no se resigna su mujer es con el cuidado y la atención a su esposo. De hecho en alguna oportunidad le di indicaciones directamente a ella que tomó nota y pidió aclaraciones.
A Arturo le diagnosticaron diabetes tipo 2, dieciocho años atrás. Su cuadro lo completa la hipertensión, algunas complicaciones coronarias leves y alto colesterol. Su tratamiento incluye insulina más pastillas para diabetes, pastillas para colesterol, hipertensión y corazón. También pastillas para dormir. Con tantos pastilleros, en su mesa de luz no debe entrar ni una birome, pero gracias a toda esa batería de medicamentos los análisis dan bien y su cuadro está controlado.
Arturo concurre a los controles trimestrales y trae los análisis. Siempre se da una dinámica parecida: Arturo se queja, la mujer se disculpa, los análisis dan bien, Arturo pide tomar menos medicamentos, yo le explico que cada uno de esos medicamentos es responsable de que sus análisis den bien, Arturo entonces acude a sus miedos por un daño hepático potencial, yo sigo negándole la reducción de los medicamentos, la esposa hace causa común y nos despedimos por tres meses. Ahí todo vuelve a empezar.
Hasta el día de hoy cuando noto que Arturo está de particular buen ánimo.
—¿Cómo anda?
—Con un día así es imposible estar mal. ¿Qué tal dieron los análisis?
Miro con atención los valores y los comparo con los análisis anteriores.
—La verdad es que están impecables, mejor que nunca. Veo también que usted bajó un poco de peso así que no tengo más que felicitarlo.
Arturo se da vuelta para enfrentar a su esposa y dice:
—¡Ja!
En este punto ya voy entendiendo que algo raro pasa. La intriga no tarda demasiado en disiparse.
—Déjeme contarle algo doctor… Abandoné los medicamentos. Dejé la insulina, las pastillas para diabetes, las pastillas para colesterol, las de hipertensión, las del corazón y también las pastillas para dormir. Dejé todos los remedios. Ahora lo único que tomo es esto.
Arturo saca un frasco y lo pone sobre el escritorio. El frasco me resulta levemente familiar. Bastante familiar. De hecho es un frasco de la misma mermelada que como en casa. Claro que tiene otra etiqueta. Con tipografía Times New Roman, la nueva etiqueta claramente rotulada con una impresora chorro de tinta indica “CLOROFILA LIQUIDA”
—100% natural. Esto y unos yuyos, pero de remedios nada de nada. Nunca más.
Me siento como en una cámara oculta de la tele. Puedo entender que alguien decida dejar un tratamiento, puedo entender que alguien lo siga. Lo que no me queda muy claro es ese comportamiento de dejar el tratamiento y venir a refregar la decisión con actitud revanchista. Además estoy algo impresionado por esa clorofila. Después de todo los análisis están impecables y eso podría ser más que un simple efecto placebo.
Respiro profundo intentando encontrar el tono, el lugar donde ubicarme para resistir ese embate.
—Arturo, ¿quién le recomendó tomar la… como dice… clorofila líquida?
—¿Qué importa quién me lo recomendó?
—Es decir ¿cómo llegó a conocer esta “solución”?
—Investigué en Internet. No sabe la cantidad de gente que se curó con esto.
—¿Y cómo sabe que se curaron?
—Lo vi en los foros.
—¿En los foros?
—¿Los análisis no me dieron bien?
—Mire Arturo. Es cierto que sus análisis están impecables. Se lo voy a decir yo y cualquier otro médico. Pero yo no sé qué hay adentro de este frasco, cómo fue testeado, qué contraindicaciones o efectos colaterales podría traer. Esto no figura en la bibliografía medica y no hay ningún estudio científico que lo avale, por lo tanto tengo que recomendarle que abandone lo que está haciendo y vuelva al tratamiento prescripto.
No puedo convencerlo. Quizás porque su mujer esta vuelta no me acompaña con tanto entusiasmo. Quizás porque el mismo Arturo está embalado, con una actitud que no admite segundas opiniones. Nos despedimos con cierta tensión en el ambiente y el resto de la tarde estoy bastante preocupado por mi paciente, o mejor dicho, mi ex paciente.
Dos meses más tarde veo su nombre en la computadora y lo llamo. Noto cierta fragilidad en sus movimientos y un cambio radical en su actitud.
—Qué sorpresa Arturo. ¿Cómo anda todo?
—Doctor, estuve internado por un infarto. Me tuvieron que operar para ponerme tres bypass coronarios. Creí que esta no la contaba. Al final usted tenía razón. Me gustaría retomar el tratamiento.

Resisto la tentación de pensar que Arturo estaba absolutamente equivocado y yo absolutamente en lo cierto. Después de todo, esta profesión no solo consiste en diagnosticar, recetar y controlar. Hay un componente humano que comprende la contención y que no se puede dejar de lado. Quizás, una interpretación más profunda del agotamiento y las inquietudes de Arturo hubieran permitido ser más enérgico con la necesidad de continuar los aspectos vitales del tratamiento médico, reduciendo temporalmente otros.
La adherencia a las indicaciones médicas es uno de los pilares de cualquier tratamiento, sea de diabetes o cualquier otra enfermedad. Todos los medicamentos indicados por los médicos han pasado por una evaluación experimental para valorar su eficacia y seguridad para su aplicación en seres humanos. Los medicamentos también deben ser aprobados por entes reguladores que autorizan su comercialización.
Hoy en día es muy fácil acceder a información médica gracias a Internet, pero se debe tener cuidado con la elección de las fuentes y los avales científicos. Es muy frecuente ver a personas como Arturo, con varias patologías que requieren la toma de muchos medicamentos.
La expectativa de vida se ha prolongado. Hoy se vive más tiempo y mejor , pero no gracias a las recetas mágicas sino gracias a los avances en los tratamientos médicos.

Segunda historia del libro HISTORIAS DE DIABETES, de Gustavo Tumene y Roni Bandini

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