El cuerpo y la sexualidad, Palabra de Dios por Martha Leticia Martínez de León

Conocí un segundo nacimiento, cuando mi alma y mi cuerpo se amaron y se casaron, escribió Khalil Gibran. Tomo está frase para profundizar en el cuerpo como reflejo divino del cosmos.

El cuerpo o la carne dentro del contexto de Occidente ha sido víctima de separación entre el alma, el yo y la diversidad de lenguajes, se dice  es el causante de las pasiones y de la separación de este con la divinidad y/o con la razón.

 

Por este motivo el ser humano lo ha exiliado de su espacio y tiempo a pesar de que es su soporte.  Este acto para las religiones de Oriente es el motivo de las enfermedades, porque al tenerme miedo y dejar de escucharlo se le adormece con medicinas.

El alejamiento del cuerpo tiene su base en la culpa, ese sentimiento creado por Occidente para dominar a través de tergiversar la sabiduría revelada por las grandes religiones y filosofías venidas en su mayoría de Oriente. El cuerpo es un templo, el lugar más sagrado porque fue creado con partículas de Dios, este Dios el cual se contrajo para expandirse en un amor sobreabundante que cae en pequeñas vasijas, como menciona la Cábala, siendo estás cada uno de los seres humanos.

El cuerpo creado con toda la delicadeza, belleza y perfección resguarda en su interior órganos, músculos, articulaciones en comunión con las emociones y sensaciones, mostrando que cada uno de estos se convierte en el hogar de lo que sentimos, percibimos, deseamos.

Todo lo encontrado en nuestro interior tiene una voz y nos advierte de pensamientos y acciones que distribuimos mal hacia el exterior y que por causa lógica enferma y malgasta físicamente. Toda esta energía repartida en el cuerpo tiene su centro en la sexualidad siendo esta quien, por decirlo de cierta manera, es el centro de distribución energético, particularmente porque se relaciona con la creación. En la sexualidad la creación del universo y su energía se encuentran, así, quien mantenga un dialogo abierto con ella tendrá un encuentro pleno consigo mismo, se conocerá y cada día se acercará a su misión de vida desde el libre albedrío, porque para poder escuchar la revelación otorgada por cada amanecer es importante estar abierto y reconocer todo lo que el ser humano es.

A través de la sexualidad el ser humano percibe su microcosmos, esa gota de luz envolvente que revela a la humanidad como parte del todo. Todo lo que es arriba es abajo, dice el misticismo, es decir, todo lo que se encuentra en el universo y en la naturaleza habita en el interior, por ello, todo lo que afecta el interior perturba la manera en la cual la naturaleza y el universo se manifiestan.

Los grandes sabios mencionan que cada acto de la naturaleza como los huracanes, terremotos, tornados, etc., son una manera en la que los elementos de la tierra con la cual fuimos creados intentan recuperarnos, es decir, tratan de regresar al ser humano a su esencia, siendo la única manera que el universo encuentra para sacudir al ser humano y retornarle su solidaridad, Amor y  Misericordia.

El cuerpo necesita ser escuchado para poder escuchar no sólo al prójimo sino todo el rededor, el cual  recuerda que al ser el universo infinito es un reflejo de Dios, por ello, los cabalistas, cuando hablan de la divinidad no lo nombran Dios sino en Sof, es decir, infinito.

Dentro de este infinito habitan galaxias, universos, planetas, diferentes niveles hasta llegar al ser humano. Cada uno de estos niveles moran dentro de los sefirots, los cuales tienen como punto central enlazar lo divino con lo terrenal y viceversa para enseñar al ser humano que no existe nada en sí mismo que no tenga una relación con Dios, por ello, cuando se actúa de manera violenta con uno mismo o con el prójimo no sólo nos dañamos nosotros sino a cada una de las capas existentes en el infinito, llamadas: Kéter (Corona), Hojma (Sabiduría), Biná(Inteligencia), Jesed (Misericordia), Gevurá (Justicia), Tiféret (Belleza), Netsaj (Victoria sobre la Muerte), Hod (Eternidad), Yesod (Fundamento), Maljut (El Reino /el Principio).

 

Cada una de estos sefirots está en comunión con el alefato, con cada una de las letras que hacen posible la palabra, punto central de la creación-destrucción. La palabra crea y destruye, por eso dicen los sabios, el ser humano tiene dos ojos, dos orejas, dos fosas nasales pero sólo una boca, esto es para que tenga claro la necesidad del Silencio.

Cada sefirots muestra los niveles en los cuales se encuentra dividido el infinito y por los cuales se llega a través del significado que cada una de las letras tienen dentro del nivel del Maljut o Reino. Otros puntos de encuentro para que el ser humano se comprenda a sí mismo es a través de ese centro particular llamado Misterio el cual e impregna en el número siete considerado el origen de la espiritualidad.

Cada ser humano lleva en sí mismo siete puntos fundamentales para conocerse, estos puntos nombrados por santa Teresa de Ávila, Moradas, también son llamados lenguajes y se representan a través de los siete días de la semana. Cada uno de los días es una Morada, un lenguaje que ayuda al ser humano a contemplarse y a encontrarse a sí mismo.

Retomemos un poco el Sefer Bereshit o libro del Génesis, leemos en el capítulo uno, Wayoomer Elohim yehi-or wayehí-or, es decir, haya luz y hubo luz. Está luz no tiene relación con la noche y el día, sino describe la creación del tiempo y del espacio el cual no existía porque todo estaba contenido, después comienza el proceso de la creación del mundo en siete días siendo el séptimo donde Dios descansa, pero este descanso no significa que dejó de trabajar sino simplemente dejó de crear.

Cada uno de los días o Moradas son una oportunidad de la existencia para retomar la vida y repararse, es decir, volverse a poner de pie RE-pararse. Implica analizar y sumergirse en el interior cada día analogía de la vida, así tenemos seis días a la semana para habitar estas moradas y lenguajes, repararnos, recrearnos para así el séptimo día trabajar meditando en todo lo reconocido de nosotros cada día.

El séptimo día es para trabajar lo aprendido, soltar lo inservible y agradecer. El séptimo día descansamos de repararnos, de recrearnos para trabajar en lo aprendido y fortalecer la misión no de vida porque esa se da cotidianamente sino la misión de la existencia como hijos de Dios o del universo de ese enSof llamado Infinito.

El comienzo de este recorrido es la sexualidad porque a través de ella nace la vida. Escuchar a la sexualidad implica primero conocer el lenguaje de nuestro cuerpo, que nos dicen nuestros pies, piernas, manos, por qué nuestros brazos y manos se mueven de cierta manera, leer nuestro caminar en la sombra, sentir cada respiro y en cada suspiro percibir el movimiento de los ojos, la expansión del sonido en los oídos, el movimiento de la boca, la sensación de la lengua al rozar los dientes. La sexualidad tiene su clímax en el orgasmo, pero para poder vivirlo el cuerpo necesita ser reconocido por los cinco sentidos, si el cuerpo no ha sido leído desde cada uno de ellos el orgasmo queda en un acto físico vacío sin ninguna adquisición de sabiduría, a diferencia del orgasmo vivido desde la contemplación de los cinco sentidos donde el ser humano recorre los diez sefirots creando una unión entre lo divino y lo humano, rompiendo cualquier tipo de separación, porque cuando el cuerpo se desconoce entre los sentidos el orgasmo se convierte en un derramamiento de semen y satisfacción momentánea.

La sexualidad es un encuentro con el Misterio que adentra a cada ser humano, es escucharse y en esa escucha comprender, contemplarse reflejado en la naturaleza y encontrar el propio aroma, movimiento, paz, textura, palabra en ella. Para que la sexualidad expanda su energía en el cosmos es fundamental que cada ser humano encuentre partes de sí mismo en la naturaleza y en el universo, por ello, al leer el Ananga ranga o los matices del dios del amor, escrito hindú del siglo XVI, se percibe la importancia de la sexualidad para reconocerse en la naturaleza. En este texto se enseña al amante a encontrar su semilla, su árbol, su incienso, porque no existe encuentro pleno si el lenguaje de la naturaleza está alejado del ser humano. Nuevamente comprendemos la importancia de la frase Todo lo que está arriba está abajo, todo lo encontrado en la naturaleza está en nosotros y todo lo que está en nosotros se expande, resaltando lo dicho por la ciencia La energía no se destruye sólo se transforma.

A causa de esta sabiduría resguardada en la sexualidad el poderoso hace lo posible por eliminarla del ser humano, porque si se le tiene controlada, o se le muestra como signo de Pecado, el ser humano no profundizará en su interior y se sentirá culpable de sentir y percibir su lenguaje, este alejamiento lo enconcha y aleja provocando que su interés se manifieste en cosas frívolas dejando de crear.

Al acallar al cuerpo y su sexualidad no sólo se niega la oportunidad de recrearse sino se cae en una trampa sin salida la cual conduce a la sumisión, al alejamiento del otro y de este enSof, pero, en contraparte con esta culpa y separación, el poderoso convierte al cuerpo en una imagen y en un objeto exclusivo para la genitalidad, alejado de cualquier encuentro con la sabiduría de cada campo otorgado por los sefirots, haciendo de él un objeto vacío el cual va perdiendo su valor al saberse instrumento, así, el abandono del dialogo con el cuerpo se manifiesta entre la culpa y el placer fácil el cual puede ser otorgado por uno mismo o utilizar a otro para obtenerlo, perdiendo en ello no sólo los lenguajes y el crecimiento sino dañando la sabiduría del cosmos.

Quien retenga su sexualidad se convertirá en un soldado de sangre, porque toda esa energía se manifestará en violencia y frustración ya que esta no proveerá seres plenos, sino personas dispuestas a todo con tal de obtener un poco de felicidad personal, paralelamente quien desborde y entregue su cuerpo por placer tampoco conseguirá serenidad ni sabiduría sino verá al otro como un instrumento útil y desechable, de ahí las palabras de Donatien Alphonse François de Sade Ay de aquél que permita que su sexualidad le sea censurada, pero Ay de quien se permita desbordarla sin sabiduría.

El cuerpo es la piel de la energía que somos, así como el átomo es el cuerpo del núcleo, protón y del electrón, como la sangre es el cuerpo del alma, como el enSof es el cuerpo de los sefirots, estos el cuerpo de las letras y estás el cuerpo de la energía que somos la cual nos retorna de nuevo a este cuerpo.

El cuerpo hace al ser humano Imagen de Dios no en una cuestión de espejo sino por lo dicho en el párrafo anterior. Somos pequeñas gotas de energía divina desparramadas para RE-pararse cada día en cada morada, quizá por ello galileo dijo, Cada mañana la luz se contrae para expandirse al punto de inicio. En la mística se le da el nombre de TzimTzum a la contracción – expansión de esta energía, la ciencia llama a esto Big Bang, por eso el ser humano nace a través del parto para sentir por sí mismo la contracción-expansión divina que en su infinitud se contrajo para crear al ser humano en un derramamiento de Amor.

En cada acto el ser humano debe recordar y agradecer que el cuerpo y la sexualidad son el punto central del enSof ya que esta Infinitud lleva a comprender que somos un reflejo microscópico del macrocosmos, es decir esa Palabra revelada, Encarnada convertida en energía para así retornar a lo eterno.

Martha Leticia Martínez de León

Hermeneuta en libros Sagrados (Vedas, Talmud, Tanaj, Biblia y Corán).
Actualmente cursa la maestría en Estudios Hebraicos en la Universidad Hebraica.
Maestra en Ciencias Bíblicas y lenguas antiguas. Licenciada en Ciencias Religiosas, por la Universidad Pontificia de México.

Tiene 26 libros publicados (poesía, cuento, ensayo, literatura infantil), 12 de Teología, Ciencia y Arte para niños. Ha publicado en México, España, Estados Unidos e Italia y ha sido traducida al inglés, italiano y francés.

Conferencista a nivel nacional e internacional.

Actualmente escribe en el área de Religión de la revista española Las nueve musas.

Catedrática de Teología y Lenguas antiguas en la Universidad Intercontinental y Coordinadora de AIEMPR México.

Creadora de “la Teología del Silencio y de la Carne”.

Texto extraído de la publicación Las nueve musas.

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