El velorio anticipado

“Sin familia, el hombre, solo en el mundo, tiembla con el frío.”
Andre Maurois

Daniel  es abogado, tiene cincuenta y siete años y transmite autoridad por una combinación de postura erguida y tesitura de voz. Parece disfrutar su papel de profesional destacado, centro de su grupo de amigos y jefe de familia. Daniel se siente bien, siempre se sintió bien, y su último chequeo médico fue en el servicio militar. Daniel solía ser atlético, pero en los últimos años, a falta de actividad física y cierto gusto por las reuniones gastronómicas, desarrolló un poco de sobrepeso localizado en la zona del abdomen. Es padre de tres hijos, dos varones y su debilidad: la nena. Ella le insistió con el chequeo médico tras ver un programa de televisión por cable.

Diabetes

—Pero me siento bien.

—Hay enfermedades silenciosas, papá.

—El silencio es salud.

El sarcasmo no consigue disminuir la insistencia de la nena y Daniel finalmente accede a realizar un chequeo general con un médico clínico porque no cree que vaya a encontrar nada.

El clínico detecta presión alta, colesterol alto y glucemia alta y le indica dieta sin sal y baja en grasas, pastillas para la presión y colesterol y le pide repetir el análisis de la glucemia en vistas a una consulta con el diabetólogo, o sea, yo, que ahora veo su nombre en la pantalla y desde luego que no tengo forma de saber todo lo que conté anteriormente. Apenas sé que es un paciente nuevo y que Gladys, la enfermera,  ya lo pesó, le tomó la presión,  le midió la glucosa y lo trató con parquedad porque es lunes y está nublado. La enfermera también suele ser parca los martes de sol a decir verdad. Hago click en la pantalla y segundos más tarde escucho el aviso del cartel en la sala de espera. Golpean a mi puerta y asoma Daniel  sosteniendo la manija como si estuviera por caerse.

— Doctor, ¿puedo pasar acompañado?

Le digo que sí. Es bastante común que los pacientes lleguen a la consulta acompañados por sus cónyuges, a veces con un hijo. Daniel pasa y empiezo a contar: uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis. La circunstancia parece más adecuada para un scrum que para una consulta médica. Daniel ve mi cara de desconcierto y explica los vínculos: mujer, hijo 1, hijo 2, la nena y el novio de la nena. El novio de la nena es un morrudito despeinado de treinta largos con remera de Atari y jeans achupinados que parece estar muy a favor de dormir la siesta.

Con los análisis en la mano trato de indagar sobre los antecedentes familiares.

—Mi padre falleció joven. Cincuenta años tenía.

— ¿Cuál fue la causa?

—Natural.

La nena se apura en aclarar que por “natural” su padre se refiere a “azucares altos”.

Agradezco la aclaración y sigo interrogando a Daniel.

—¿Y sus hermanos están bien de salud? ¿Algún antecedente de diabetes?

—Mi hermano se agarró diabetes, pero igual yo no lo veo hace tres años.

Es bastante común escuchar cosas así. Gente como Daniel, seguramente capaz e idónea en otros ámbitos, realizar semejante asociación disparatada entre A, B y C.

  1. Mi hermano “se agarró” diabetes.
  2. No lo veo hace tiempo.
  3. Por lo tanto no tengo de qué preocuparme.

Dejo pasar la asociación y sigo con el interrogatorio útil.

—¿Tiene algún problema de salud previo? ¿Toma algún medicamento?

—Nada. Bueno, el clínico me indicó diez días atrás medicamentos para la presión y el colesterol y me puso a dieta, pero yo me siento bien.

Está claro por su expresión que se siente frustrado. Remedios más dieta más consulta con un especialista.

El estudio clínico y la repetición del análisis corresponden a dos glucemias en ayuno consecutivas mayores a 126mg/dl y solo pueden indicar una cosa. Sin levantar la vista de los estudios confirmo lo que creo que Daniel intuye.

—Efectivamente tiene diabetes tipo 2.

No llego a explicar nada más. Daniel se contrae en una mueca grotesca y son casi cinco segundos de suspenso antes de derivar hacia un  llanto desconsolado con espasmos y mocos. La mujer llora también y se abraza a los hijos. El novio de la nena tarda en reaccionar, pero entonces recupera el tiempo perdido. Abraza a la nena, extiende un brazo a Daniel, se apura en alcanzar a los hermanos. Hace contacto visual y temo que venga a abrazarme, así que le pongo un freno a eso que claramente es un velorio anticipado.

—A ver si nos entendemos… Daniel no se va a morir. Solo necesita tomar una pastilla.

El llanto se detiene. Los familiares se separan y se acomodan la ropa. Se pasan pañuelos descartables. Se peinan. Parecen avergonzados.

Ahora sí puedo explicar las pautas de alimentación, actividad física y recetar Metformina 850mg después del almuerzo y la cena.

Tres meses más tarde vuelvo a ver a Daniel. Entra y pregunta.

—¿Pueden pasar mis familiares?

Pero vino solo y nos reímos juntos. Reviso análisis de sangre, fondo de ojos y Microalbuminuria en orina. Todo en condiciones. Un día más en el consultorio.

La diabetes es una enfermedad crónica, progresiva e incurable, pero a la vez tratable. Con el tratamiento, el seguimiento adecuado y algunos cambios de hábitos se puede llevar una vida totalmente normal y sin complicaciones. No es una enfermedad terminal. En sus estadios iniciales no suele dar ningún síntoma, por eso es común que muchas veces sea diagnosticada como un hallazgo en un control clínico de rutina, en un análisis pre quirúrgico o pre laboral.

HISTORIAS DE DIABETES

Gustavo Tumene y Roni Bandini.

Editorial Wu Wei, 2015.  123 páginas. ISBN 9789873726057

“En sus páginas el lector encontrará relatos cortos que combinan conceptos fundamentales para el autocuidado responsable de la salud. Junto con testimonios de vida elocuentes y educativos, este libro:

* Alerta contra el fraude, los preconceptos, las falsas creencias y los pensamientos primitivos.

* Acentúa el rol del humor como parte de un buen tratamiento y deja al descubierto la negación propia de la enfermedad crónica.

* Destaca la autorresponsabilidad como pilar indispensable para lograr la adherencia tan necesaria en una enfermedad con la que se convive toda la vida.

*Reconoce el costado humano que, fundamentalmente, debe acompañar a un especialista en afecciones crónicas ya que del seguimiento que haga el paciente dependerá el control exitoso de su enfermedad.

*Muestra el humanismo y el compromiso inherente al ejercicio de la medicina (¡hasta le salva la vida a un perro diabético!), y tiene la humildad de reconocer errores propios en el modo de abordar pacientes complicados y compartir cómo pudo revertir la situación haciendo cambios como profesional que lo ayudaron a ganar la confianza y la adherencia al tratamiento.

En este camino compartirá varias historias. Quizá, a partir de cada una, se encuentre con algo propio o del algún ser querido: un amigo, su pareja, algún hijo o padre.”

Del prólogo del Prof. Dr. Alberto Cormillot.

 

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