Te invitaría a Mar del Plata por Roni Bandini

Las estadísticas dicen que tenés entre veinte y cuarenta años, vivís en una zona urbana y sos pobre. A nosotros nos da más curiosidad que culpa de plusvalía y casi que te invitaríamos a la despedida de soltero así nos explicás un poco, pero te avisamos que no va a haber video de fotos con música de Katy Perry, ni juegos en pareja, ni recorrida en un VW Gol  a corneta y vuvuzela. Nosotros creemos que los exordios son ritos que merecen respeto así que dan las diez de la noche y salimos a Mar del Plata con una sábana de silencio. Yo en la coupé con Milpita de copiloto. Ibiza al volante del Rover Defender, a su lado el Doc, atrás Vardit y Benedetto. Después es lo mismo que cualquier viaje a Mar del Plata porque  también paramos en Atalaya y las dos cajeras con el pelo comprometido abren los ojos a circunferencia de desgarro preguntando qué queremos y Benedetto se hace cargo en estilo paratáctico, un popurrí de palabras insubordinadas que requieren el tope de esfuerzo para interpretar café con leche y dieciocho mediaslunas. El Doc despeja la mesa de servilletas y platos y azúcar y edulcorante para acomodar la distancia más corta entre doce puntos. Yo le pifio un poco a la coordinación dejando un polvón blanco en la nariz que ni me molesto en limpiar y las despeinadas se acercan con las bandejitas todo escándalo. Así se arruinan el pelo. Por el stress y los lácteos. Ibiza se interpone erguido como una estatua y trata de hacer las cuentas pero es un fastidio así que deja diez Evitas y yo me paro y me pongo a su lado sonriendo que es algo que aprendí hace poco. Sonrío con la nariz blanca y los Tom Ford espejados y les digo que no vamos a hacer uso de las medialunas ni del café con leche por intolerancia a la lactosa. De hecho nos estamos retirando. Las medialunas se quedan, los café con leche se quedan, los Evitas se quedan y nosotros nos vamos. Vuelvo, me limpio la nariz con la cortina y ahora sí, salgo y ya vamos por la ruta picándole a un auto del Mercosur. Le dejo pensar que va a poder y ahí piso la coupé hasta dejarlo atrás con sus ahorros de Clarín 365 en contrafrente. La verdad es que podrías haber venido a Mar del Plata. Era tu única oportunidad de probar el Woodford Reserve, que no tomamos, o mejor dicho lo tomamos, también lo usamos de perfume y hasta hacemos gárgaras. Ahora mismo hago gárgaras y Milpitas estira la mano, dobla el volante y esquiva un imprudente en ralenti como si esta ruta fuera la 66, una de quedarse en lugar de circularla. Lo miro fijo a Milpitas por quince segundos y le digo:

– Me salvaste la vida. No me voy a olvidar. En serio.

Porque las mariconeadas se dicen en momentos así, a 170km por hora, claro que no seguimos tan rápido, bajo la velocidad y un poco más y más y creo que en algún punto entre la rotonda y la rambla el Woodford le gana la pulseada al polvo de Atalaya y nos quedamos directamente dormidos. Yo seguro. Milpitas  también, pero abre un ojo y apunta:

Shoni, eso ahí atrás parecía el Hermitage.

Clavo los frenos, la botella vacía del Woodford sale volando y deja una arañita en el parabrisas pero no se rompe, ese es el trato, esa botella nunca nos va a hacer mal, y ahí voy marcha atrás hasta dejar la coupé en doble fila a la par de La Defender de Ibiza que ya estaba ahí quién sabe desde cuándo. Golpeamos el vidrio y se incorporan como preguntándose qué mundo es este y ni bien emergen, me doy cuenta que una cosa nos define además de habernos jubilado a los treinta: viajar ligeros. Yo voy con un carry on Rimowa de aluminio, un objeto de diseño tan hermoso que tengo a veces la fantasía de vivir en un estudio cuyo único mueble sea este Rimowa. El problema del Rimowa es que lo pueden robar porque sale u$1300 y a eso hay que sumar la sospecha de contenido. Nadie tiene semejante valija para poner un calzón gastado y una caja de Garotos. Ibiza prefiere un bolso Burberry, Milpitas una mochila high tech, el Doc y Vardit son el extremo absoluto de la eficiencia, no llevan nada o mejor dicho llevan todo adentro. Por su parte, Benedetto tiene un horrible valijón de tela Samsonite, pero él puede porque en realidad tampoco dejó de trabajar a los treinta. Igual no te confundas; Benedetto desayuna foie gras y tiene el mismo concierge de Inspirato que todos nosotros, es decir no tendrá plata pero la sabe gastar y de eso se trata. El Popol Vuh, libro sagrado de los Mayas, dice que el empleado de conserjería debería tener nuestra reserva aunque no exista en eso que él insiste en llamar “realidad” y de los mismos principios se puede deducir que la continuación de la despedida, esa parte donde estrellamos un karting contra un pony, fingerfuckeamos a una adolescente en situación de calle, le compramos MDMA a un travesti de 1.90mts y nos agarramos a trompadas con dos cuidacoches la vas a leer antes de que yo la escriba, pero por ahora anotá: anteojos Tom Ford, Bourbon Woodford Reserve, Bolso Burberry, viajes organizados exclusivamente por Inspirato y lo más importante: el carry on de Rimowa. Mueble o valija según corresponda.

Roni Bandini @ronibandini

 

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