Cross of Iron de Sam Peckinpah y la resistencia como forma de vida.

Encontré en la web Cross of Iron, un film dirigido por Sam Peckinpah en 1977; ya el año pasado The Wild Bunch, del mismo director y rodada en 1969, me había inspirado a escribir una nota. (http://wuweimgzn.blogspot.com.ar/2014/07/grandes-historias-1-wild-bunch.html).
Cross of Iron, como The Wild Bunch, también es una gran historia, basada en la novela The Willing Flesh de Willi Heinrich; la acción tiene lugar en 1943 en el frente ruso de la Segunda Guerra, y narra la historia de un escuadrón de soldados durante la retirada de las tropas de la Wehrmacht de la Península de Taman.
Considerada por Orson Welles como el mejor film antibélico, hoy a 38 años de realizada y a 7o de finalizado el conflicto bélico en el cual transcurre, su contundencia formal, la profundidad del tratamiento, los diálogos y actuaciones me producen un par de reflexiones.

cruz de hierro

 

 

1. El hombre como protagonista de su vida más allá de los condicionamientos del sistema.

La definición y composición del personaje protagónico, el sargento Rolf Steiner (interpretado por James Coburn), un auténtico antihéroe, un hombre común que es ascendido al cargo de sargento por sus méritos al comienzo de la historia, no sería aceptada en una producción actual. Rolf Steiner es considerado un hombre problemático por sus superiores, pero también es objeto de admiración por parte de ellos. Un personaje complejo, un adulto en toda la extensión de la acepción: responsable, empático, capaz de tomar sus propias decisiones y asumirlas, sabe cuáles son las circunstancias y se adapta a ellas, por eso es un buen soldado aunque odie la guerra, al ejército y al nazismo. La historia se estructura en torno a este personaje al que se contrapone el Capitán Stransky (interpretado por Maximillian Schell), un prusiano de clase alta que aspira a obtener la Cruz de Hierro por una cuestión de honor y en virtud de su abolengo, condecoración que Steiner ostenta en su pecho gracias a sus acciones en el frente. Alrededor de ellos giran el Coronel Brandt (James Manson), el Capitán Kiesel, tan desencantado de la guerra como el mismo Steiner, el teniente Triebig (homosexual manipulado por Stransky)  y los compañeros del pelotón de Steiner. Cada situación que eslabona la historia es una pincelada policromática en la cual podemos identificar la postura del protagonista así como la de los otros actores de la misma, no hay escena que no contribuya a la historia, sea relleno o en haras del entretenimiento banal.

El personaje Steiner es en primer lugar fiel a sus convicciones, luego a su grupo primario de pertenencia, en este caso a su pelotón, luego al resto del batallón. Esta escala de valores otorga al personaje la singularidad que lo convierte en un antihéroe ejemplar: un individuo que aceptando sus circunstancias se resiste al sistema haciendo lo que tiene que hacer según sus principios. Pinta esto la escena en la que el Capitán Stransky lisonjea al sargento para solicitarle que firme la recomendación para alcanzar la Cruz de Hierro, Steiner se niega, aduce que él no cree que merezca tal distinción. En la escena posterior Steiner también se niega a declarar formalmente en contra de Stransky ante sus superiores, no quiere formar parte del juego institucional.

Rolf es equilibrado aunque se ponga a reír a carcajadas al final, cuando su muerte es segura, ante la inutilidad del capitán prusiano. Es misericordioso cuando deja vivo al soldado ruso, casi un niño, y luego lo libera. Es justo cuando no ejecuta a las mujeres soldado rusas y les permite que ellas lleven adelante su propia ejecución. Es comprensivo y tolerante con las reacciones de sus subordinados del pelotón. Es implacable como soldado.

En la nueva maquinaria productora de films, Rolf Steiner sería concebido como una máquina de matar, como un soldado profesional súper entrenado, sin matices emotivos e inexpresivo: un estereotipo.

Como en todas sus películas, Sam Peckinpah no sólo otorga complejidad al personaje Steiner, sino también a todo el resto, alejados de los estereotipos usuales.

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2. La guerra como realidad genuina.
Los personajes del Coronel Brandt y el Capitán Kiesel (David Warner), aportan sus reflexiones en el transcurso de la historia, siempre lógicos y racionales, no pertenecen al partido nazi, son militares de la Wehrmacht , aceptan sus circunstancias pero a diferencia de Steiner, para ellos la institución está por encima de sus convicciones. Brandt en un momento se pregunta qué será de ellos (los alemanes) cuando pierdan esta guerra, Kiesel le contesta: prepararnos para la próxima.
Durante un ataque soviético a la base, el sargento Steiner resulta herido, y el Teniente Meyer, amigo del sargento, muere mientras lidera la defensa (liderazgo que se atribuye luego Stransky). Muere también el joven soldado ruso, en manos de su propio bando mientras Steiner estaba liberándolo. El sargento es enviado a un hospital militar, pasa días obsesionado con las imágenes de los hombres muertos, especialmente del soldadito ruso. Durante su estancia mantiene una relación amorosa con una suculenta enfermera que le pide que se quede el resto de su convalescencia en casa de ella. Rolf, al ver desde una ventana que uno de los hombres de su pelotón vuelve al frente, decide volver con él. Es en el frente donde están sus vínculos, donde él es quién es por sus propios medios, donde se sobrevive día a día, lejos de la paz ilusoria del hospital o de una vida conyugal.
Conjeturo que Peckinpah, al realizar esta película con semejante protagonista, legó un manifiesto de cómo él considera que debe vivir un hombre. Toda su carrera como realizador cinematográfico, su relación con las productoras, la crítica y el establishment, su alcoholismo y adicción a la cocaína, fue un apasionado ejercicio de resistencia.

 

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