Megamind: una propuesta teológica por Luis Mazzarello

Megamind, film dirigido por Tom McGrath (realizador, animador y actor, también responsable de Madagascar, Madagascar 2 y 3), además de entretenernos a lo grande tanto a niños, jóvenes y adultos, contiene una propuesta que podríamos definir como teológica.
Megamind y Metroman llegan al planeta Tierra de bebés, escapando en sus cápsulas de la destrucción de sus respectivos planetas: en la escena presentación un enorme agujero negro engulle todo el sistema solar al que pertenecen. Las cápsulas de ambas criaturas chocan varias veces en la trayectoria y cuando parece que al azulado Megamind le va a tocar caer en una mansión de Metrocity, un último choque del rollizo Metroman lo desvía. Así uno se cría en un paraíso terrenal y el otro en una cárcel de máxima seguridad, en un infierno. Uno crece con sus súper poderes (Metroman es una versión de Superman), el otro desarrollando su mega inteligencia usufructuada por sus padres adoptivos, los reclusos (Megamind es una versión del Lex Luthor de los albores del cómic Superman). Cuando ya tiene la edad apropiada, envían a Megamind a la escuela, allí todos adoran a Metroman. Megamind sufre bullying, intenta ganarse la admiración de sus compañeros con sus inventos pero siempre se salen de cauce. El niño Metroman resuelve los desaguisados y pone en penitencia al incomprendido azulado. Así surge la antinomia que va a llegar al límite en la última batalla en la que por fin Megamind derrota al héroe, en medio de la inauguración del museo (templo) en homenaje al mismo. Megamind toma el poder, y la sociedad cae.
Megamind se aburre, extraña a su contraparte. Se enamora de la periodista que utilizó de anzuelo para destruir a su viejo enemigo y concibe la idea de crear un nuevo héroe, alguien con quien pelear. Accidentalmente el camarógrafo de la periodista es inoculado con el gen del superhéroe. Pero este no está a la altura de las circunstancias y es un corrupto que utiliza sus súper poderes para su autosatisfacción. Este falso superhéroe reclama una batalla final con su creador, el malvado Megamind. En tanto Metroman sigue vivo, retirado, deja que la situación siga su curso y anima a su antiguo rival a que se haga cargo. Es Megamind quien esta vez salva a Metrocity y se convierte en el héroe.
Podemos ver a Metroman como un dios bueno y a Megamind como su contraparte. Ambos personajes vienen del exterior, no son humanos y son superiores. El bueno es un súper dotado porque sí, está en su naturaleza, el malo no tiene ningún otro poder más que su inteligencia, pero a través de ella crea artificios que lo hacen muy poderoso. El malvado termina destronando al bueno, pero no lo vence en verdad, el otro se deja vencer, ya está harto de su papel. Finalmente el malvado debe asumir la responsabilidad de detentar el poder, ya que cuando inocula el gen del poderoso dios bueno en un simple humano, este se corrompe. Entonces no le queda otra alternativa que crecer, convertirse en adulto y con su genio recomponer la situación, acceder a ser un dios. El mandato de los padres al pequeño Megamind al principio del film, no queda claro. La urgencia de la situación no permite grandes despliegues, tal vez el mandato era ayuda a los otros o a los menos inteligentes, pero el bebé azulado no llega a escucharlo (los espectadores tampoco), los guionistas plantan ahí la posibilidad del germen del bien en el caído en desgracia.
Harold Bloom en un libro publicado a comienzos de los ’90 (The American Religion: The Emergence of the Post-Christian Nation), en el que inaugura la crítica religiosa, plantea la hipótesis de que la religión estadounidense (tal como él llama al conjunto de nuevas religiones derivadas del cristianismo), es en realidad gnóstica y que el norteamericano común está convencido de tener relación directa con dios y aboga por convertirse él mismo en un dios. Megamind es un creador, tiene un pequeño ejército de seres mecánicos que le sirven, pero no es un protector adorado (una deidad), logra convertirse en eso luego de derrotar al falso héroe-dios (falso en tanto es generado por medio de un artificio inventado por el mismo Megamind). Megamind, además de al ángel caído también me recuerda al irreverente Loki de la mitología nórdica, ya que es una especie de timador al que las cosas no le van saliendo bien hasta que se convierte en adulto.
¿Es esa nuestra salvación: convertirnos en adultos y ser como dioses?
No podemos soslayar el mérito de los guionistas, uno es Alan J. Schoolcraft, que ya había participado en films como The Man Who Wasn’t There (2001) y The Big Lebowski (1998), ambas dirigidas por Joel Coen; y luego en Penguins of Madagascar (2014); el otro es Brent Simmons, que participó también en Penguins of Madagascar. Y como siempre, luego de una interpretación como la que acabo de exponer, me pregunto: ¿cuál es el objetivo de esta película?

@LuisMazzarello

Megamind

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