Amerika de Franz Kafka

Karl Rossman, de dieciséis años, fue enviado a América por sus padres luego de un episodio en el que Karl habría tenido un hijo ilegítimo con una criada. Al desembarcar, advierte que ha olvidado su paraguas en el camarote. Le pide a un amigo que le cuide la maleta mientras regresa por el paraguas. Extravía el camino y acaba junto al fogonero del barco, que enseguida comienza a hablar a Karl sobre sus problemas.

El fogonero tiene una relación conflictiva con su trabajo y sus condiciones. Karl hace suyo el problema del fogonero e insiste en interceder por él ante las autoridades del barco. Es llevado ante las autoridades e improvisa un discurso a favor del fogonero. Sin embargo, el fogonero no parece muy convincente a la hora de exponer su propia defensa. La situación que se crea es tensa. Inesperadamente, Jakob (uno de los altos mandos del barco) asegura ser el tío de Karl. La irresuelta situación del fogonero queda desplazada por el inusual encuentro.

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Jakob, el tío de Karl, se hace cargo de su sobrino. Su situación económica es excelente. Poco a poco Karl se acomoda en su afortunada e inesperada vida nueva, signada por el lujo y el confort. Jakob le enseña su negocio, su estilo de vida. Le presenta a Pollunder, un amigo suyo. Pollunder invita a Karl a su casa de campo.

Jakob se muestra reticente a dar el permiso a Karl, pero accede ante la insistencia de Karl en ir a la casa de campo de Pollunder. Una vez allí, Karl conoce a Klara, la hija de Pollunder y al señor Green, un amigo que acaba, inesperadamente, de ir de visita. A Karl le desagrada el señor Green y Klara tampoco le cae bien.

Karl está pasando una velada a disgusto. Karl quiere regresar. El señor Green le dice que tiene una importante noticia para Karl, pero que debe aguardar hasta medianoche. Se trata de una carta de Jakob en donde dice que, por haberle desobedecido, Karl ya no debe volver ante él, ya no será bien recibido.

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El señor Green tiene a disposición de Karl la maleta recuperada y nunca abierta con la que Karl se habría embarcado. La maleta de Karl es, ahora, toda su fortuna. Karl tendrá que comenzar desde cero. En una taberna de poca monta, conoce a Robinson y Delamarche, que planean viajar hasta Butterford, con la esperanza de conseguir trabajo. Karl puede ir con ellos, si lo desea. Sus dudosos amigos no tienen reparos en utilizar el dinero de Karl, con la promesa de reponerlo en el futuro. Karl los deja hacer y emprenden el viaje. En una ocasión, sus amigos fuerzan la maleta de Karl en su ausencia. Karl descubre, con horror, que ha desaparecido la foto de sus padres. El incidente desagrada muchísimo a Karl, quien rompe definitivamente con sus compañeros de viaje. La jefa de cocina de un hotel donde ha ido en busca de comida se muestra muy amable con Karl y le invita a quedarse. Karl es admitido como ascensorista en el hotel y puede disponer de una habitación compartida, junto a otros empleados del hotel.

Transcurrido un tiempo, Robinson se entera de la fortuna de Karl y decide importunarlo, mientras Karl está aún en servicio. Le pide dinero, le molesta. Robinson da señales de estar ebrio. Se descompone. Karl quiere asistirle y, para hacerlo, se ausenta sin permiso de su puesto por unos minutos, con la mala suerte de ser descubierto por su superior. Karl habría llevado a Robinson hasta su habitación, donde tuvo un enfrentamiento con los compañeros de cuarto de Karl. Acusan a Karl.             La jefa de cocina se entera de todo el incidente, Karl está en serios problemas. Deciden despedir a Karl inmediatamente. Al poco tiempo, el desprestigiado Karl está en la calle y, como si fuera poco, debe hacerse cargo de Robinson, maltratado por sus agresivos compañeros de cuarto. Karl contrata a un taxi para llevar a Robinson hasta su casa. Robinson vive ahora junto a Delamarche, que se ha involucrado con una cantante en decadencia.

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Karl no tiene dinero para pagar el taxi. Interviene la policía, Karl huye. Delamarche interviene en su favor y le invita a quedarse junto a ellos en casa de Brunelda. Al parecer, Delamarche es el novio de Brunelda y Robinson se ha convertido en el ayudante o criado de Brunelda. Robinson quiere que Karl le sustituya en esa ardua tarea. El temperamento de Brunelda es insoportable. Karl no quiere saber nada. Sin embargo, no puede irse del departamento. Le retienen contra su voluntad. Karl intenta huir, pero no puede. De momento, Karl parece resignarse a continuar allí. Cae la noche. Mientras los demás duermen, Karl conversa de balcón a balcón con un vecino, un estudiante, al que pone al tanto de su situación. El vecino le aconseja reconsiderar la oferta que le han hecho. Tal vez, después de todo, no es mala idea quedarse allí como criado. Karl le hace caso, pero luego descubre que Brunelda es realmente insoportable. Temperamental, histérica, caprichosa. Karl se siente desgraciado.

Fragmento póstumo (inconcluso): Karl advierte un cartel en la calle donde reclutan interesados para sumarse al gran teatro de Oklahoma. El cartel asegura que todo el que solicite un puesto será admitido. Karl se presenta allí. Han convertido el hipódromo en una oficina, con un despliegue de personal de inmensas proporciones.

Sin embargo, al parecer solo hay dos solicitantes de empleo, contándolo a él mismo. Karl tendría que haberse presentado con sus documentos, pero los ha olvidado. Se inventa un nombre ficticio porque desconfía de la buena fe de la empresa, pero después se arrepiente.

Al parecer, el gran teatro de Oklahoma es una empresa respetable. Al menos cumple lo que promete. Karl es contratado y se encuentra con un viejo colega del hotel, en el almuerzo de bienvenida. En pocos minutos, partirá el tren hacia Oklahoma.

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